martes, 8 de agosto de 2006

Claro que hace falta hablar

Después de dos semanas de bombardeos, todo sigue igual. Por aquí siguen enfrascados en una guerra sin cuartel para ver quién tiene la culpa del desaguisado del aeropuerto, cuando está claro a los que se puede señalar, no solo con el dedo sino con la cámara de vídeo. A dios pongo por testigo que siempre he estado comprometida con la causa de los trabajadores, pero en este caso me es completamente imposible darles la razón. A todos esos "compañeros" que gritaban, cantaban y hacian mofa y cachondeo del caos que habían creado, no les abría expediente ni sanción de ninguna clase. Directamente de patitas en la calle y, esta vez, con toda razón por parte de la empresa. Sin miramientos y como escarmiento ejemplar por daños y perjuicios causados a toda la gente que hizo colas durante horas para que luego les dijeran que se habían cancelado sus vuelos, por todas las maletas extraviadas e incluso un niño al que embarcaron en un avión que no era y dejaron solo en un aeropuerto que no tocaba. Porque después de tantos días no está todo solucionado. Hacen falta más razones?
Este fin de semana ha sido especial. Desde años ha, cuando Carlos me contó su tour por tierras cátaras, tenía ganas de recorrer el Languedoc-Roussillon. Y se presentó la oportunidad. Gracias a mi tío, que confia en mí lo suficiente como para prestarme su coche, Blanca y yo pudimos hacer realidad el deseo de pisar los castillos donde los perfectos y perfectas pasaron sus días.

Fue mágico. Entre el Aude y el Ariège se levantan verdaderos nidos de águila, y si te tomas la molestia (a veces mucha) de llegar hasta la cima, el paisaje compensa cualquier esfuerzo. A poco que tu receptividad lo permita, cierra los ojos, posa tu mano en las piedras y te sentirás transportado por los siglos hasta visualizar cómo vivían los mal llamados "herejes". Piedras añejas desprendiendo energía, transmitiendo reposo.
Para los que pregonan a bombo y platillo que hace falta abrir el corazón, dejar que sienta, lo siento, y seguiré dejándolo bien sentado de momento, porque para dogmatizar, antes hace falta abrir la mente, open your mind, como dicen los anglosajones, y no tener por cerebro una pastilla de jabón lagarto. Mens sana in cuore sano, el cuerpo ya se mantendrá gracias a las calorías.
A veces el silencio pesa cual losa. Olvidar se vuelve lluvia deslizándose entre los dedos. Es preciso hablar cuando la hierba se quema.
Piano Concerto nº 3 - Rachmaninov