martes, 30 de diciembre de 2008

War and Peace

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Todos mis buenos propósitos se han ido a tomar viento a primera hora de la mañana, cuando mientras desayunaba, me ha dado por abrir el mozilla y ponerme a leer las páginas online de un periódico cualquiera.

Estoy hasta el moño del conflicto palestino-israelí. La madre que los parió se quedó muy satisfecha, y supuestamente empezaron con la virgen maría, no? si todo se transmite a través de los genes, qué mala ostia debía tener la señora! Por qué nadie hace nada? no tienen soldaditos aburridos en alguna parte? un ministerio de defensa con presupuesto sobrante que no sepa dónde invertirlo? que envien ya tropas a la frontera entre Palestina y Egipto o Israel y se dediquen a salvar vidas, que buena falta les hace. Estos judíos no aprendieron nada del holocausto...

Los dos temas de hoy van ligados con la compasión y la tolerancia divinas. Por una parte, el conflicto bélico, y por otra, la santa madre iglesia. Si es que no se pueden leer los periódicos de buena mañana, que te pillan desprevenida y luego pasas todo el día de humor perruno sin vacuna antirrábica, leches!

Leo algo de la batallita que soltaron los obispos en todas las iglesias sobre la familia y bla, bla, bla. Cómo coño se atreven a propagar que la familia tipo es la de nazareth cuando, si tenemos que hacer caso de lo que nos cuentan, fue una especie de fecundación in vitro? Ahí José no pintó nada. Eso es lo que promueven? que el macho-alfa no tenga nada que ver o, en todo caso, que sea meramente presencial? Se acabó lo del sexo para procrear? Peor aún, se acabó el sexo? Quieren una familia completamente aséptica? Quien entienda a estos carcas que los compre, porque yo a estas alturas estoy perpleja y bocabadada. Si, como pretenden inculcarnos, dios es bueno y compasivo, de dónde sacan los cristianos tanta mala baba? Acaso quieren una epidemia de sida por follar sin condón, como mandan los cánones eclesiásticos? Es como si los oyera decir: Tranquilo, tu folla a pelo, que ya rezaremos por ti cuando te mueras.

Si los próceres de la iglesia predicaran con el ejemplo estarían todos, como mínimo, sifilíticos.

El racismo de unos y la discriminación de los otros consiguen que me acuerde de Hitler y sus proclamas sobre una raza mejor.

Y eso que en estas fechas todo el mundo está lleno de buenos deseos y amor por el prójimo...

Paz, hermanos
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Discover Culture Club!

lunes, 29 de diciembre de 2008

Si aparecen y desaparecen fotos, escritos y gadgets como si fueran el Guadiana, asumo toda la responsabilidad. Me estoy divirtiendo mangoneando el html.

The Little Shop of Horrors

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Hace poco encontré por casualidad los boletines de notas escolares cuando cursaba EGB. Qué buena era, por dios! Me deprimía si entre todos los sobresalientes aparecía un notable. Con el tiempo la cosa fue degenerando, no porque me quedara sin memoria que, a lo que realmente me interesaba, solo tenía que echarle un vistazo para aprenderlo, sino porque dejé de prestar atención a los estudios. Mi madre creía que malgastaba mi potencial y en eso siempre estaré de acuerdo con ella; estoy muy desaprovechada.

Retentiva y lógica si, pero tengo comprobado que, por mucho que se me de de fábula trabajar bajo presión, los exámenes cronometrados no son lo mío. Ante cualquier tipo de control, mi cerebro se rebela y en vez de concentrarse en lo que tenga delante, le da por pensar en lo más extravagante que ocurrírsele pueda.

Se cumplen ya tres años desde que empecé a escribir este blog. No es que haya llovido, sino que además ha nevado, ha hecho un frío glaciar, un calor de aquí te mueres, unas ventoleras del copón, movimientos sísmicos y hasta tornados; como veis, no ens estem de res.

La noche del 24 no estuve sola en casa haciendo gamberradas como el niño de la película cuyo nombre siempre me recuerda al cacaolat con cierto deje yanki, ni tuve velas encendidas, con la excepción de la que me puso mi tía para que no se notara tanto el olor del tabaco. Tampoco descorché una botella de Juan José Torres numerada, aunque había bebida suficiente para pasarme dos semanas seguidas con resaca. Ni presencié el cant de la sibil·la, porque en el pueblo donde estuve la sibil·la tiene compromisos familiares, como hacer cagar el tió. Las similitudes con aquella noche de hace tres años es que no había perchero, no tenía sombrero y tampoco pude bailar.

Me he pasado toda la semana preguntándome dónde carajos estaba Rovaniemi. Es en este tipo de cosas en las que se ocupa mi cerebro cuando debería concentrarse en batir récords estúpidos. La retina ve, procesa lo que ve y ahí se queda la información, almacenada para darte por saco en cualquier momento, normalmente cuando no toca. Eso me pasa por mirar los escaparates de las agencias de viajes.

Si, si, que no vais a poneros a mirar en el Google, no?, para qué si seguro que ya lo he mirado yo... Pues vale. Rovaniemi está lejos de narices. Nada más y nada menos que en Laponia. Y ya me diréis a quién le puede apetecer recorrer tanto camino para ir a ver el pueblucho de Papa Noel y un montón de renos. Eso sin contar con la rasca que debe hacer por esos andurriales. Son ganas de pasarlo mal y encima pagar por ello.

Qué nos depara el futuro? Su llegada...


Discover HPLHS!


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sábado, 20 de diciembre de 2008

Per qualche dollaro in più

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Discover Otis Redding!


Ya lo he dicho otras veces, ante las desgracias ajenas no sé cómo expresarme.

Alguien me contó que una pareja que no podía tener hijos se gastó un montón de pasta (que tienen) en la fecundación in vitro. En el momento del parto se descubrió que el bebé tiene el síndrome de Down. Y a mí lo único que se me ocurre preguntar es si no lo pueden devolver por defectuoso!. Como siempre, mi peculiar sentido del humor haciendo acto de presencia en las peores situaciones.

Cuando se lo conté a J, que sigue una lógica tan especial como la mía, hizo una reflexión sobre el asunto que me tuvo cavilando algo más de cinco minutos. "No se puede ir contra la naturaleza". Quizá si, quizá la naturaleza sea sabia y no se deje ganar la partida con triquiñuelas, pero también puede ser que, de haber tenido un bebé normal, habría acabado creciendo merced a la televisión y a los cuidados de unos abuelos que lo malcriarían y ahora, en cambio, tendrá muchas más atenciones de las que a priori le hubieran concedido.

David especuló sobre la posibilidad de que empiece a ser necesario un exorcismo para volver a introducirme en el mundo de los sentimientos. Es cierto que en tres años no he vuelto a sentirme atraída por nadie; bien, eso no es del todo correcto, hubo alguien pero la palmó, con lo que quizá si sería conveniente hacer algo al respecto. Ra ya lo intenta regalándome triskels abiertos, aunque no sé si será efectivo.

Es posible que todo se normalice con el cambio de año, que a este he aprendido a aborrecerlo con todas mis fuerzas y aunque esté en sus postrimerías, no se conforma con lo que ya ha hecho, sino que tiene que morir matando.

Su penúltima (que todavía quedan 11 días por delante y prefiero no encontrarme con más sorpresas) fechoría la cometió el martes, dejándome inmovilizada para todas las fiestas con la rotura de ligamentos de la rodilla. Es verdad que no me cayó una maldición divina y por arte de birlibirloque se me rompieron, porque yo ayudé con mi manía de caer mal (no a la gente, que también, sino al suelo). Total, que estos días me he tenido que mudar a bcn, sin poder estar con mis enanos, sin ordenador (horror!) y sin las ventajas de estar en mi morada que, por mucho que en la casa paterna se me cuide, a primera hora de la mañana me parece estar en el ejército, con turnos establecidos para la ducha.

Blanca me hizo el favor de traerme para que pasara el fin de semana tranquila, y cuando no habían pasado ni dos horas de mi recuperada intimidad, toda la urbanización se quedó sin luz. Ni foro, ni blogs, ni feisbuc, ni lectura, ni música, ni sudokus, ni teléfono (que tiene toma de corriente). Solo gracias a las drogas prescritas legalmente se me hizo más llevadera la noche de ayer.

Y es que, cuando algo empieza mal, suele acabar peor.


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viernes, 12 de diciembre de 2008

Uno de los nuestros

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Errr, ummmm... sí, creo recordar algo de un evento un sábado por la mañana.

10:30 Debajo de la torre Mapfre. Se había pasado la noche lloviendo y la mañana no auguraba la salida del sol. Llegué hecha un adefesio porque el chubasquero, las capas y más capas de ropa para no acabar de estalagmita en el arcén de la C-32 y el casco planchando la vaporosa melena no ayudaban nada, pero es lo que había y tendría que servir.

La primera persona que me salió al paso fue la madre de un personaje del cual no quiero acordarme, pero me alegré tanto al verla tan pizpireta y dadivosa que casi me ofusco y hago un comentario procaz sobre mi infausta relación con su primogénito. Con un patrón de comportamiento completamente opuesto a lo que suele ser habitual en mí, y que muchos catalogarían de "sociable" , me presenté yo solita a la tercera persona que conformaba el grupo de acompañantes de Eva para presenciar la entrega de diplomas.

Nos estábamos poniendo al día en familia, sociedad y habladurías varias cuando apareció la prota del evento para llevarnos a recepción, donde nos entregaron los pases que nos permitirían deambular más o menos a nuestras anchas por las instalaciones de uno de los símbolos de la ciudad.

Sin más dilación, subimos a un ascensor que aceleró de 0 a 34 en casi lo mismo que se tarda en parpadear y sin sensación de vacío estomacal matutino, aunque quizá habría sido diferente si una vez arriba nos hubiesen dejado caer a peso. Aún estoy celebrando que los patrocinadores del evento no albergaran ideas tan malvadas como las mías.

Pese al temporal, pese a que todos los acompañantes se apelotonaron en las ventanas para disfrutar de un paisaje poco frecuente y pese a mi cámara, que se empeña en ser lenta para hacerme rabiar, he aquí las vistas desde la planta 34 de la torre Mapfre.



Con un día soleado habría sido espectacular, pero soy de las que piensan que la lluvia tiene su encanto, siempre y cuando no abuse de mi paciencia.



Sin echarle demasiada imaginación, se podría creer que es una maqueta. Desde allí arriba te sientes importante, mires donde mires lo ves pequeño.



En lontananza, las horripilantes chimeneas que los vecinos se han empeñado en mantener en pie.



Primero la devoción y luego la obligación. Así es como se motiva a la gente para que aguante estoicamente los discursos.

La verdad es que no fue para nada tedioso. Una breve (y realmente fue breve) presentación por parte del subgerente de la compañía (que, por cierto, está de muy buen ver), dió paso a la entrega de diplomas a la nueva hornada de comerciales.





La ley de Murphy dice: si pretendes fotografiar el momento en el que le dan el diploma a tu amiga, o te habrás colocado en el lugar menos estratégico o se lo entregará el que esté ubicado en el ángulo más difícil. Maldito Murphy!



Pero después me vengué de él, y la hice "posar" con cara de niña buena con su recién estrenado título...



...Y en el aula donde consiguieron mantenerla encerrada durante semanas. Porque es una santa y se deja fotografiar, si hubiera estado en su lugar habría mandado al fotógrafo (o sea, yo) a pastar hierba hacía rato.




Faltó la toga y que lanzaran el birrete al aire al finalizar, aunque algunos no pasarían por universitarios ni después de una ingesta masiva de alcohol.

Hubo quien se quejó (cretinos haylos por doquier) por tener que esperar unos minutos más escuchando poesía para salir a lanzarse con la misma fruición con que las pirañas se zamparían un trozo de carne, a atacar el aperitivo con el que nos obsequiaron. La cabra tira al monte, o de tal palo tal astilla, porque la parienta a la que acompañaban esta familia de mentecatos, cuando entramos en la sala, se había dedicado a cambiar los letreros que los organizadores habían pegado a las sillas con los nombres de los asistentes, para poder sentarse entre sus amiguitos, como si asistiera todavía a párvulos.

El evento finalizó como había empezado, con lluvia, y los fumadores resguardándonos bajo la marquesina de la torre, que los vicios aprietan aunque no ahogan y las vistas, por maravillosas que sean desde tan magna altura, siempre resultan mejores cuando las recuerdas a ras de suelo.





Discover David Byrne!

miércoles, 10 de diciembre de 2008

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Otra horterada que casi me cuesta un desprendimiento de retina. Estos atentados contra la elegancia tendrían que estar penados por la ley.


sábado, 6 de diciembre de 2008

qué puente ni que niño muerto! puente será para los que trabajan habitualmente en domingo y tienen fiesta, para los demás son 3 días festivos y punto.

Sería puente si la purísima cayera en lunes y la constitución en miércoles, y de rebote nos pillamos el martes. Sería acueducto si la purísima fuese un martes, la constitución un jueves y nos pillamos lunes, miércoles y viernes porque nos apetece.

Nos estafan un día de fiesta a los que no trabajamos los sábados y a eso se le llama hacer puente? y un puenting!

Tiene guasa que a estas alturas todavía se tenga que ir explicando lo que es...

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How the Grinch Stole Christmas!

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Hay quien se asusta cuando digo que es normal e incluso positivo que existan desastres naturales, guerras y similares para equilibrar la balanza, pero es que estoy convencida de que el planeta está multigentado. Si fuera dios, les enviaría unas cuantas plagas a banqueros y taxistas, no sé si por ese orden, pero algo les mandaba. Tampoco se salvarían los "adorables" padres que se llevan a toda la prole al super, las señoras que se pintan, se atusan la cabellera o hablan por el móvil (a veces las tres cosas al mismo tiempo) mientras conducen y otros muchos que no pondré por no globalizar del todo. Si fuera dios, quedaríamos más bien pocos.

La plaga especial de este año se la han ganado mis vecinos. No sabéis el terror que se apodera de mi cuando entro o salgo de casa y tengo que ver esto:

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Debería estar terminantemente prohibido hacer uso del mal gusto en tamañas cantidades. Aunque no odiara estas fiestas, que las odio y mucho, obligarte a ver cosas tan espeluznantes un par de veces (como mínimo) al día, es suficiente para conseguir que aborrezcas todo lo que tenga que ver con la iconografía navideña.



Discover The Hit Crew!

jueves, 4 de diciembre de 2008

Palau de la Música

Acabo de llegar a casa después de más de tres horas de concierto.

Podrá no gustar a mucha gente (admito que al principio ponía sus canciones cuando mi estado anímico estaba a un tris del Harakiri), pero lo deprimente de algunos de sus temas no le quitan mérito.



Nos ha deleitado con historias, pocas canciones de su último disco y muchas de los pasados.



Una versión muy lograda de "l'Orage" de George Brassens y el "Hay que vivir", como despedida a Joan Baptista Humet, fallecido hace dos días.



La velada ha finalizado con "Pequeña criatura" y el Palau puesto en pie bailando "La extraña pareja".

"Brindemos por el amor y sus fracasos, quizas podamos escoger nuestra derrota..."

"Invéntate el final de cada historia, que el amor es eterno mientras dura..."

martes, 2 de diciembre de 2008

Iba a contaros el evento del Sábado pero ahora mismo me parece mucho más interesante volver a ver los capítulos de Northern Exposure.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Frantic

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Por fin me mandaron por mensajero el curso de inglés que llevaba meses esperando!. Lo primero que hice fue dejarlo aparcado durante unos días. Si los de "e-logos" han tardado tanto en mandármelo, yo no iba a ser menos. Cuando decidí desempaquetarlo comprobé que venía con cascos y micro de regalo. Y que el primer exámen lo tenía tal día como hoy, con lo que iba a empezar igual que el otro: tarde.

Me siento delante del ordenador, sigo los confusos pasos para instalarlo y una vez lo consigo, me dispongo a iniciarme en el mundo de la conversación anglófila. Pero, ay mísero de mí, ay infelice! O es un inglés macarrónico o me han dado gato por liebre y los que hablan se expresan en el más puro estilo yanki, con lo que parecen llevar además de una pinza en la nariz, el chicle en la boca y no entiendo ni jota.

Pero lo peor todavía estaba por llegar. Es interactivo y reconoce la voz, así que al intentar mantener algo parecido a una conversación, el muy ladino se limita a decir que no me entiende. Yo tampoco a él, pero al menos le ponía empeño, no te digo!. Ruego al señor que venga en mi ayuda enviándome una sobredosis de esa virtud tan sobrevalorada que es la paciencia y vuelvo a la carga, intentando pronunciar de la misma horrible forma en que se escucha, aunque claro, me cuesta lo mío, y el zopenco me apremia a que hable más rápido.

Entre que le parezco lenta y que no me entiende, empiezo a estar muy mosqueada y decido cortar por lo sano tanta injusticia, así que me lanzo de cabeza a navegar por las opciones, con la maquiavélica intención de cortarle las impertinencias de golpe. Pero son más taimados que servidora y en previsión de que nos de por hacer precisamente lo que yo astutamente pretendía, han capado el tiempo de respuesta, así que, o pareces una UZI o no pasas de lección.

El exámen me lo he saltado a la torera con premeditación y alevosía, esperando con fruición la llamada de mi tutor para pedirme explicaciones y así poder obsequiarle (de forma calmada y reflexiva, como tengo por costumbre) con mi opinión sobre dónde puede meterse el dichoso curso y diversas formas de llevarlo a cabo.


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Nada mejor después de un arrebato psicótico que relajarse aprovechando un vale-regalo para el Flotarium que estaba a punto de caducar.

Llamo para pedir hora antes del día 4 (que es cuando vencía el plazo) y me la dan para esta tarde. Me informan de que no hace falta que lleve nada, ellos proporcionan toallas, secador, peines (como si fuera capaz de utilizar uno comunitario), gel, champú y todo lo necesario para que no tenga que acarrear todos los artilugios que suelo llevar cuando tengo que bañarme en casa ajena. La chica de recepción es más que amable y me conduce hasta la habitación previa lectura de las instrucciones de uso.

El espacio está presidido por un engendro que parece sacado de Odisea en el espacio. Dentro hay tres botones: negro, para cerrar la cápsula y aislarte, blanco, que enciende y apaga la escasa luz interior y rojo, el de las emergencias, por si acaso. Prescriben una ducha y sigo las normas, después de quitarme cualquier joya que lleve encima. De ahí, al interior del receptáculo. Al principio suena una música suave, pero al cabo de unos 15', ya cerrada la parte superior, me quedo en el más completo silencio.

A los que les gusta hacerse el muerto en el mar, les parecerá estupenda la mega bañera, porque con 300 kilos de sal en tan reducido espacio no tienes que realizar ningún tipo de esfuerzo para flotar, al contrario, lo que cuesta es hundirse, porque solo cubre 30cms, con lo que los presuntos suicidas pueden descartarlo como método. Allí dentro es más fácil morir envenenado por las sales que por ahogo. Y os juro por snoopy que el agua está muy, pero que muy salada.

Como no hay espacio suficiente para emular a Esther Williams, cuando me he cansado de relajarme, he jugado a ser una alga marina, me he concentrado en escuchar sonidos (creo que pasa el tren que va a Sants estació) y me he acabado aburriendo como una ostra sin pececillos alrededor. Una hora es demasiado tiempo. Cuando ya empezaba a desesperarme, ha vuelto a sonar la musiquita zen, se ha encendido la luz y se ha abierto la compuerta, solo faltaba un muelle que me eyectara fuera de la nave espacial. Otra ducha (desde luego, higiene no falta) y fuera me esperaba la misma recepcionista para preguntarme cómo me había ido, ofrecerme una botella de agua (que se agradece) y una mascarilla para el pelo. Un dato curioso es que, normalmente, cuando pasas tanto rato dentro del agua, las yemas de los dedos acaban pareciendo pasas de corinto; pues aquí no. He salido con mis deditos igual de tersos que cuando he entrado.

Ahora los efectos colaterales: sales con hambre. Tanta que te comerías cualquier cosa que te pusieran delante. Si eres hipotenso más vale que te acompañe alguien, porque con tanta relajación acabas con la tensión arterial a la altura de los cimientos de una plataforma marina. Si eres hiperactivo, con media hora vas que te las pelas, después de ese tiempo te parecerá que te han enterrado en vida y empezarás a arañar las paredes. Y algo para todos: al salir de la bañera comprendes cómo se sentían los astronautas o buzos de antaño, porque notas que pesas unas 40 toneladas más que antes.

Para qué extenderme más. Como experiencia no está mal, acabas mejor de lo que has entrado, pero donde estén unos buenas manos que te mangoneen la espalda, que se quite la ingravidez.






Otro día os cuento la entrega de diplomas a la que asistí el sábado.