lunes, 19 de diciembre de 2011

Xabungle Graffiti



Toda la culpa la tuvo Ronald McDonald. Sí, ese payaso con una peluca que no es suya, porque se la robó a un travesti el Día del Orgullo Gay, aunque él siempre lo ha negado. Pero yo lo sé porque estaba allí. De hecho, yo era el travesti.

El robo de mi peluca me produjo tal trauma... me sentía vacío, desprovisto de personalidad.

Por eso fuí a ver al psiquiatra. Y me dio unas pastillas de color lila que de tan bonitas hasta me daba pena tomármelas...

Supongo que fue a causa de las pastillas, pero una noche, paseando por la calle, vi un graffiti en una pared y se me fueron las manos (siempre he tenido unas manos muy largas, mi abuela decía que corrían más que mi vista). Mi sorpresa fue mayúscula cuando de pronto comprendí que había pasado a formar parte del graffiti.Y más todavía al ver que los dibujos del graffiti se movían y hablaban como si tal cosa.

Allí fue dónde conocí a Magallanes. Era un diseñador de juegos para redes sociales. Durante el día se vestía su traje de persona seria y por las noches vivía en graffitis como ese (y en lugares peores). Magallanes me ofreció la vida eterna.... como avatar en un juego de vampiros. 

Ahora me siento como una muñeca de cartón a la que una niña mimada le cambia el vestido cada día, aunque me siento realizada porque tengo todas las pelucas que quiero, mucho mejores que la que el maldito Ronald me robo.

Me aburro bastante, tantas horas sin hacer nada.... así que me voy a dar una vuelta para charlar con otros avatares, por lo que casi siempre me véis invisible. (Shhhhh.... guardad mi secreto, o alguien podría quitarme las pelucas!)


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martes, 13 de diciembre de 2011

Naked Lies






Alguien lleva tiempo diciéndome que no conozco a las personas. Ainssssss.... es enojoso que alguien que no se ha tomado la molestia de conocerme en absoluto me juzgue tan ingenua respecto a los demás.

Honestamente, conozco tanto sobre los otros que me aburren. Y soy tan sumamente perezosa que le he encontrado la gracia a callar y a dejar que los demás se ahorquen con sus propias mentiras. Es más fácil y más cómodo escuchar y permitirles hacer el nudo, ponerse la soga alrededor del cuello y que ellos mismos abran la trampilla, dedicándome a ser mera espectadora.

Estudiar psicología por afición te permite profundizar en las debilidades humanas, crear perfiles, saber dónde golpear para que duela y reírte de todo.

Es fácil, solo tienes que permitir que la gente hable, hable, hable. A todo el mundo le gusta hablar de ellos mismos, de lo que piensan, de lo que opinan sobre ésto o aquello... Les encanta demostrar cuánto saben acerca de todo. Para alguien entrenado en escuchar, es sencillo. Después solo tienes que sacar tus propias conclusiones.

Si además tienes un detector de mentiras insertado en el cerebro, es difícil que un aficionado pueda engañarte. Y os aseguro que hay muchos aficionados pretendiendo ser eruditos en la materia.

Por supuesto, ellos jamás admitirán que estás en lo cierto cuando emites un juicio. Al contrario, se molestarán y contraatacarán. Pero en el fondo saben que únicamente se mienten a sí mismos, no a ti, haciendo la situación más lamentable.

Recordando a alguien que me dijo que soy una especie de Lisbeth Salander (quiero que sepas que echo de menos nuestras charlas), es cierto, si algo hago bien es investigar. Y tengo unos métodos y unas herramientas muy útiles para ello, así que es difícil que se me escape algo que alguien no quiera que vea. 

Para ser un buen mentiroso, uno tiene que tener en cuenta muchas cosas. No basta con tener buena memoria. Es necesario ser inteligente también. Y algunos que pretenden tener inteligencia realmente son unos zoquetes a la hora de pensar en todo aquello que pueda llevarte a descubrir la verdad.

Quien puede vivir con tanta mentira en su vida? Con lo fácil que resulta la sinceridad y a la gente le gusta perder lo bueno que tiene contando mentira tras mentira... 


... Creo que me vuelvo a mi planeta... 

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