Tenemos un patio de luces donde salimos a fumar. Aquí cae de todo: pelotas, fregonas, piezas de ropa... pero también se ve el cielo y las copas de los árboles de la calle. En uno de esos "recreos", al dirigir la mirada hacia arriba, me paré a observar las nubes. Unas se desplazaban despacio, encaminándose al mar, perezosas, como ausentes, mientras otras, que de allí venían, daban la impresión de querer embestir a las que iban a encontrarse por la manera de abalanzarse sobre ellas, sobrepasarlas y seguir su camino velozmente. Después de la "colisión" solo quedaron unos pocos jirones, uno de ellos adoptando forma serpentina, retorciéndose en volutas hasta desaparecer.
Es bien cierto que lo que no nos gusta de los demás es el reflejo de nosotros mismos. Observando a los que me rodean aprendo a diario. Nos preguntamos el porqué de las cosas cuando sabemos que no obtendremos respuestas, en lugar de mirar hacia delante y no perder el tiempo preocupándonos por lo que ya ha sucedido. Los ¿qué he hecho yo para merecer esto? o ¿por qué a mi? están de más. Quizá si creyera en el karma establecería una correlación entre pensamientos, palabras y obras realizadas en vidas anteriores o incluso podría retrotraerme a mi infancia y adolescencia para saber las causas y los efectos posteriores. Tanto karma, que si tus actos anteriores determinarán lo que te suceda después, cuando desde siempre hay una frase que resume perfectamente siglos de enseñanzas budistas: a cada cerdo le llega su San Martin. Pero ocurre que no creo en que todo tenga que ver con lo malos que hayamos sido, sino en malas decisiones tomadas. La vida es una línea recta que a veces se ramifica, y solo depende del ramal que tomemos en ese momento. Os acordáis de los libros que venían con varios finales? En un momento dado, tenías que escoger de qué forma actuaba el protagonista, si era A, ibas a la página 32, si era B a la 45; de ahí volvían a presentarte varias opciones y así sucesivamente. Y solo una de ellas te llevaba a un final feliz. Nadie nos obliga a tomar el camino A o B, los responsables somos única y exclusivamente nosotros. Si lo hacemos mal, nos toca sufrir las consecuencias de nuestra pésima gestión.
Hay gente que se merece una patada en el culo. Por haberlo hecho de pena, por seguir haciéndolo igual de mal y por no haber aprendido nada en el camino.
