Cualquier libro, por espantoso que pueda parecer una vez leído, puede aportarnos algo nuevo. Paradójicamente, el último que me he leído, que de atroz no tiene nada, me ha regalado música. Si, si, música y de la buena. He tenido el placer de conocer a Charles Valentin Alkan, compositor francés, amigo de Chopin y un virtuoso donde los haya; tanto, que sus obras no se interpretan por no tener pianistas con la técnica necesaria para tocar sus piezas.
Un ejemplo de su estilo:
Hoy va de música. Como avezada aventurera de la red o sneaker internauta, iba yo buscando un reproductor de mp3 para poner en el blog, pues aunque youtube es un gran invento, no tienen muchas de las canciones con las que a veces casa el post y es importante que el escrito vaya bien acompañado, así que navegando navegando, he dado con una página web francesa donde, además de tener una lista más que aceptable de música, puedes subir cuantos archivos en mp3 quieras, sin limitación. Además, te proporcionan el reproductor y el código html para que puedas publicarlo en el blog. Esto si es un invento y no la lavadora!
La tercera sorpresa en cuanto a música se refiere la encontré por casualidad. Hace poco vi la película "Conociendo a Jane Austen" y me gustó la banda sonora. Qué decepción la mía cuando me descargué la bso oficial... Por mucho que Aaron Zigman sea un buen compositor, no era lo que andaba buscando. Le faltaban canciones (ya pensaba que pasaría como con la única que no aparece en la bso de Harry Potter y el prisionero de Azkaban o Una mente maravillosa) pero, como todos sabemos, cuando te encuentras encallado en un problema, lo mejor es aparcarlo durante un tiempo y volver luego a la carga. Así lo hize y... albricias! Snow Patrol, Feist, Madeleine Peyroux (con una canción de Billie Holiday) y, sobretodo, Aimee Mann, a la que no tenía el placer de haber escuchado, o sí, porque estoy segura que un par de sus canciones aparecen en la serie Anatomía de Grey, y que investigando he sabido que forman parte de la película Magnolia (no la de Ava Gardner, sino la de Tom Cruise). Si mi opinión cuenta para algo, es tan buena que ya me he descargado toda su discografía (menos mal que no es tan prolija como los Rolling o Prince...) así que merece la pena que, en lugar de una, os ponga también un clip. Ya me diréis.
Creo haber leído en la programación del periódico que este fin de semana, no me fijé en qué cadena, emitían la película "La casa del lago". Ya la había visto hace tiempo, es más, la tengo guardada en el mismo dvd donde grabé "Las horas", "Chocolat" o "El mismo amor, la misma lluvia". En fin, que debido a mi abstinencia voluntaria a sentarme delante de la caja tonta, ni pensé más en ello. Esta tarde, por una de esas casualidades, mientras tomaba el cortado en el bar, en el canal de pago televisaban la película en cuestión
No es una película de oscar, no pasa de ser un remake edulcorado y con una trama absolutamente incoherente: uno en el pasado, la otra en el futuro, manteniendo una relación epistolar.
Pero, y cualquier cosa lo tiene, tenía que acabar viendo la cinta, porque desde el mismo instante en que he escuchado la canción que sonaba en esos pocos fotogramas que he contemplado en el bar, mi cabeza no ha dejado de tararearla ni un solo segundo. Estas obsesiones son malísimas, lo sé, aún cuando me es imposible evitarlas.
Así que cuando he llegado a casa, me he puesto cómoda, he buscado el dvd y...
No la he encontrado más coherente que cuando la vi por primera vez, es cierto, pero después de pasar hora y media en el mundo irreal, te vas a dormir con la esperanza en el corazón de que nada es imposible, que todo puede darse algún día, incluso las casualidades más inverosímiles.
Que el intérprete sea Paul McCartney ayuda, por supuesto.
Cuando empezó mi predilección por los hombres conflictivos? Buff. Recuerdo estar hipnotizada por Keith Richards a los 15 y mirad cómo le ha tratado la fama.
Qué nefastas son las candilejas para según quién! Ser bueno sin ser humilde no sirve de nada. En mi entorno hay alguien así. Se pasa el día recordándonos lo mucho que factura para que no olvidemos lo maravilloso que es. Al final cansa dar palmaditas en la espalda...
Y eso me lleva a otro tipo de golpes, que de agasajo no tienen nada. Sumergida por completo en el mundo de las relaciones adultas, me paseo por los blogs que tienen los usuarios de esa página web dedicada al intento sin comedimiento de fornicar con cuantos más mejor. Ayer sin ir más lejos, entre la película diaria y mi hora de lectura sobre celtas, me tuvieron entretenida los insultos que se dedicaban una lectora y el creador del blog (al que llamaremos Z para no caer en la publicidad gratuita). Él venga menospreciarla (con toda la razón de su parte) y ella, erre que erre, cada nueva entrada con adjetivos peyorativos menos ingeniosos. Si está representando un estereotipo debería reciclarse porque aburre; ahora, si realmente piensa todo lo que escribe es más trágico aún por su incapacidad a la hora de salirse del guión que se ha establecido. Debe costar menos abrirse de piernas que orear ideas vetustas, supongo.
Si es que así no llegamos a ninguna parte. O son rematadamente tontas, con lo que no hay nada que hacer o son listas y van de prepotentes. Estará el término medio en el fondo del mar, como las llaves?
Y a mi quién me mandaba crearme un perfil donde lo más veraz es lo estúpida que me muestro? Ains... tener que morderme esta lengua viperina ya que supuestamente no tengo ni repajolera idea del idioma castizo en el que se expresan... Eso si, cuando visite el país que he adoptado como morada podría ir de casa en casa, como la oca del juego, porque los parroquianos se ofrecen compasivamente a acojerme en su hogar, siempre y cuando mantenga ocupadas sus partes pudendas durante un rato más o menos negociable.
Tengo un amigo que se ha creado un blog en una página de contactos guarra. Ya me diréis si no podía optar por algo más clásico, pero no, él es así y para poder empaparme de su sabiduría no me ha quedado otro remedio que registrarme.
La primera sorpresa es la gran cantidad de preguntas que tienes que responder; no escatiman datos: enfermedades de transmisión sexual, talla de sujetador (no sé si a ellos les solicitan diámetro o tamaño medido con escuadra...), qué, cómo, cuando y porqué.
Lo segundo, que de sorpresa no tiene nada, es la cantidad de fotos con escasa ropa que gasta el vulgo. Vulgo de vulgaridad, porque a mí personalmente ver a un señor marcando paquete no me levanta especialmente la líbido, sino todo lo contrario, me parece de un mal gusto tremebundo. Otros muchos ponen especial empeño en mostrar biceps, cuatriceps y musculatura abdominal (que posiblemente hayan tomado prestados), un alto porcentaje se dedica a marranear el photoshop para enmascarar sus rasgos y el resto... bueno, del resto mejor ni hablo.
De los pocos que se salvan después de pasar por mi tamiz particular, me quedo con el que tiene un blog con título nada original "cerebro partío" y su entrada "encefalograma plano", donde expresa con garbo rumboso la facilidad que tenemos las mujeres para complicar situaciones. My god! habrá dado con el dilema de si fue antes el huevo o la gallina? volarán los cerdos? criarán pelo las ranas?
No dispongo de respuestas fidedignas, pero prometo investigar y manteneros al corriente.
Que la política y quienes la practican son de lo más corrupto no es un secreto a voces, más bien es algo tristemente aceptado, aún cuando no debería serlo. Somos inconformistas, no porque la madre naturaleza nos haya hecho así, sino porque así lo quiere la sociedad en la que nos movemos. Los que no tienen dinero ni poder aspiran a ello, y los que los poseen, quieren más. De lo uno y de lo otro, nunca hay suficiente.
Vivimos en un país donde pocos hay que quieran gobernar por ayudar a construír un mundo mejor, la mayoría lo hace por medrar y tener un sueldo vitalicio, amén de practicar el nepotismo a pequeña o gran escala, depende del tiempo que tarden en pillarles.
Como en todas partes cuecen habas, las empresas no se salvan de ese "amiguismo" feroz. Con tanto enchufado es increíble que no salten los diferenciales provocando apagones masivos. Y mira, si los susodichos son eficientes todavía, pero como sean un estorbo vas aviado porque o tu paciencia es digna de encomio y aguanta lo que le echen o acabarás buscándote otro lugar donde prestar tus servicios, que aquí lo que manda, además de don dinero, es la salud mental.
Las nubes que hoy nos acompañanan no están solo en el cielo, también mi cabeza parece un algodón sucio. Y se acerca la tormenta...
Lo cantaban los Monty Python en "La vida de Brian"; mira siempre el lado positivo de la vida. Claro que era una parodia, pero también una enseñanza de cómo tomarse lo peor con estoicismo, y dieron una muestra de ello cuando tuvieron que aplicarse el cuento.
Mi sentido del humor, por estupendo que sea, no les llega a la suela del zapato. Quizá por eso me es tan difícil asumir la pérdida de mi madre y por mucho que intente encontrarle la parte positiva no la encuentro por ningún lado. No estaba preparada para esto, y mira que llego a ser previsora...
Cada noche le pedía que me esperara hasta la mañana siguiente, pero acabó haciendo lo que quiso, que a terca no la ganaba nadie.
El tiempo es como un caballo desbocado; no asimilo que ya ha pasado una semana. Una semana y cuatro días desde la llamada del hospital. Una semana y cuatro días desde que a las tres de la madrugada estaba en los servicios funerarios contestando una serie de preguntas que se me antojaban dignas de una película de David Lynch. Una semana y tres días desde el entierro. Una semana y dos días desde la recogida de sus cenizas en el crematorio de Montjuïc, con otra sesión surrealista, certificado de viaje incluído, por si quiero llevarme la urna a ver mundo.
Me asaltan pensamientos simples. Ya no me llamará para ofrecerme un plato de sopa el domingo a mediodía.Ni comprará latas de berberechos para mis gatos. No coleccionará más relojes y pulseras.
Dicen que es difícil compadecerme. Supongo que así es. Porque entiendo que ante una situación así, no valen las palabras, no sirven los sentidos pésames ni las más expresivas condolencias.
Algo que me hace sonreír: -Cómo estás? Como frase hecha está bien, pero en esta circunstancia sobra la pregunta. Mal.
Una respuesta que descoloca: -Necesitas algo? Claro que si, a mi madre. Puedes devolvérmela?
Fluctúo entre la tristeza, el mal humor y el sentido del humor más negro.
A las maravillosas personas que han estado a mi lado en estos momentos y que me siguen brindando su apoyo, gracias.
Soy persona de cambios constantes, pero ahora necesito que la rutina diaria vuelva menos inmenso el vacío que siento.
Véis cómo tengo sobrados motivos para odiar los años bisiestos?
dilluns, 4 de febrer del 2008
Sábado tarde de compras por el centro de Barcelona. Creo que entramos en cada una de las tiendas hippiosas del gótico, sin éxito por supuesto. Suele pasar; quieres algo concreto y el objeto en cuestión se convierte en algo tan escurridizo como el mercurio.
Había estado tomando mucha sal durante la semana para compensar el descalabro de la presión arterial y esa tarde, para equilibrar otra vez la balanza, necesitaba desesperadamente azucar. Ra sufrió tanto mi frenética búsqueda de gofres o en su defecto algo dulce, que hizo patente su preocupación por el día en que la urgencia sea debida a la falta de sexo.
Pillar una cogorza poco después de la puesta de sol con una sola copa tiene mérito. Lo peor llega cuando nos da por cantar zarzuelas...
Solicitar que ponga por escrito lo que opino sobre alguien y que además lo publique es casi peor que obligarme a quedarme en ropa interior delante de todo el colectivo de la construcción. Esto si es crueldad y lo demás son historias.
Primero la cal y después la arena? Arena primero y cal después? según reza el refrán, una de cal y una de arena hacen la mezcla buena, así que supuestamente es necesario tanto lo bueno como lo malo, aunque a veces se diluya la línea divisoria.
Llamémosle sr. X
El sr. X sabe que yo sé y aún sabiendo eso me exige un esfuerzo que sobrepasa con creces todas mis posibilidades.
Se coló en mi fiesta de forma escandalosa. Porque es tenaz, y si se le mete algo en la mollera, aunque no le hayas mandado invitación, se las ingeniará para sorprenderte justo cuando estás intentando digerir tanto canapé, tentándote con pasar directamente a los postres pero, a poco que te descuides, no tendrás más remedio que admitir que se ha convertido en el plato fuerte (dejándote tan ahíta que prefieres sin dilación copa y puro).
A veces me recuerda una gominola de las de colorines que llevan en su interior algo ácido. Si lo pienso bien no sé dónde pondría la capa dulce, tengo mis dudas sobre dentro o fuera, supongo que depende del día.
Hay momentos en que su franqueza es apabullante. El día que me tumbe en un diván seguro que sale el desdoblamiento que me provocó. No sé si soy tenazas, martillo o llave inglesa; nunca me lo ha dejado claro; de lo que sí estoy convencida es de que él debe ser un kit completo.
Me lo imagino como Arlequín. Cada rombo de su traje una faceta distinta, todos ensamblados para que el contraste sea vistoso.
Su manía de vestirse ante el ordenador ha sido un generador de sonrisas.
El sr. X está acostumbrado a salirse siempre con la suya. Y a tomar decisiones (creo que viene con el pack de responsabilidades) por lo que, si le cuentas alguno de los problemas que pueblan tus sueños, su reacción inicial será decirte lo que tienes que hacer y cómo debes hacerlo. Primero notas como te sube desde el páncreas la bilis, porque tu no quieres soluciones, que ya te bastas y te sobras solita para resolver tus asuntos personales, pero si te paras a contar hasta diez te das cuenta que no lo hace a propósito, simplemente es deformación profesional mezclada con cierto afan de caballero de brillante armadura al rescate.
Si lo comparo con una anguila seguro que tuerce el gesto, así que mejor le busco otro símil animal. Una anaconda estaría bien. Escurridizo y misterioso.
El sr. X no acepta con mucha deportividad las críticas y no le conmueven retos ni súplicas. Se mantiene más firme que el peñón de Gibraltar, por muchos esfuerzos que hagas y por muchas explicaciones que des. Resulta enervante que no den resultado ni las razones más plausibles ni la psicología inversa.
Podría decir que no cumple lo que promete. Primero fue un viaje, después unos días de vacaciones, luego un mísero café...
Le gusta jugar a ponerle el cascabel al gato; siempre se pide el papel de minino y así, como si con él no fuera la cosa, se merienda unos cuantos ratones con la excusa del juego.
Es tan hermético, tan celoso de su intimidad que ni con toda la tecnología espia proporcionada por Q podrás sacar un ápice de información. Aún no sé seguro el día de su cumpleaños... Siempre he creído que me oculta algo. No por lo que cuenta, sino por lo que calla. Probablemente no tendrá la menor importancia, pero a veces peca de mirarse demasiado el ombligo.
Si le aburres, despídete de él. Si le agobias, también. Acabas sintiéndote marioneta en la cuerda, con un paraguas de colores para mantener el contrapeso justo. Prefiero eso a foca amaestrada manteniendo en equilibrio la pelota en el hocico.
El sr. X puede llegar a ser encantador de serpientes si se lo propone. De hecho, creo que puede llegar a ser lo que le dicte su magín.
Su energía te abduce. Unas veces maremoto, otras volcán, siempre te incita a más, a superarte. Es como un hada madrina psicológica.
Le va robando minutos a tu vida mientras te abruma, te exaspera, te provoca y te adula por igual. Una mezcla altamente nociva, porque cuando ya se ha convertido en adicción, desaparece de pronto y no encuentras antídoto que pueda curar la nostalgia que provoca su ausencia.
Podría emular a Sherezade y estar mil y un días con sus respectivas noches cantando sus virtudes y defectos, aunque creo que el objetivo está más que cumplido.
Sr. X, siempre le quedará una deuda por satisfacer: Un Jack Daniels y una canción.
En uno de mis diarios paseos virtuales, descubro un blog con ayudas de todo tipo para mantener el mío en condiciones. Pero debo ser muy inepta para el lenguaje html porque pese a todas las instrucciones que me dan, no hay forma de conseguir que lo que yo quiero cambie. Quizá porque las instrucciones a seguir no concuerdan para nada con la plantilla que estoy utilizando. Creo que escogí algo demasiado minimalista. En fin, que mejor dejar las cosas como están, no sea que desaparezcan de un plumazo los escritos de dos años y el shock sea permanente.
Dentro de este blog también asesoran sobre como darte a conocer, y uno de sus consejos es que te vayas pasando por otros blogs a dejar comentarios. Con los míos, que son bastante lapidarios en ocasiones, lo único que conseguiría es que la mayor parte de la comunidad bloggera le pusiera precio a mi cabeza. Además, qué haces si alguien deja en tu blog un comentario agradable y cuando devuelves la visita el suyo te parece una sandez, ordinariez o bobería supina? Mientes? No, que atenta contra tus principios. Das tu sincera opinión? Tampoco, no es cuestión de ir haciendo amigos... Y la diplomacia ya sabéis que no se me da nada bien. Así pues, solo dejo comentarios en blogs conocidos o callo mi parecer.
Estamos en carnaval, la semana perfecta para que los horteras recalcitrantes y los esperpentos habituales no desentonen del resto.
Recuerdo disfraces de épocas infantiles. De hada, con cara de clavarle la varita en un ojo al primero que pidiera un deseo; de reina, donde ya apuntaba maneras de mandona; el paso a la adolescencia estuvo marcado por el anonimato: Pierrot, con máscara incluída y sin hablar en toda la noche (una tortura), miembro del ku klux klan (aunque la versión para las monjas fue que iba disfrazada de cófrade), espantapájaros, cruce entre el perro del guggenheim y micky mouse... La última vez fue hace ya unos cuantos años, recién separada, cuando me camuflé de vampira; entre las transparencias que se adivinaban por debajo de la capa y la inestimable colaboración de "Fantasme" de Ted Lapidus esa noche le hinqué los colmillos a un buen número de cretinos. Pero eran otros tiempos. Ahora, si me preguntan de qué me caracterizaría, pienso en cactus, que es lo que más se adecua a mi forma de ser. Eso, una medusa cofre, un pez piedra o un caracol de concha marmórea.