Me siento hueca. No como si fuera rubia y tuviera palos de sepia en la mollera que al entrechocar en el vacío producen resonancia, sino como el latir reverberante de un tambor en la pausada cadencia de los inicios.
Me siento enojada. Y cuando el enojo es devorado por las fauces de los recuerdos, vienen a rescatarlo las palabras que le devuelven su razón de ser: "maldita la hora..." y "... eres peor".
Me siento confusa. El desasosiego lanza sus proyectiles ponzoñosos intoxicando la solidez de las pétreas murallas construídas, resquebrajándolas como los embates del mar hollan las rocas del acantilado.
Me siento taciturna. El llanto agazapado, presto a asesinarme la sonrisa sin mediar provocación.
Me siento extenuada. No quiero luchar más. La apatía que se ha apoderado de mi ser dejará que la vorágine la arrastre hasta las simas de la locura, hundiéndome en ella cada vez más.
Me siento efímera. Fugaz
Espero en la parada de autobuses, deseando con toda el alma que llegue alguien y me diga que esa parada no ha sido anulada, que el billete que guardo aún tiene vigencia. Pero la octavilla pegada en los cristales de la marquesina anuncia el "fuera de servicio", informando de la nueva ubicación. Y sé que, por mucho que me apresure, llegaré tarde al próximo autobús y a todos los que allí se detengan.
No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Sin embargo, tengo en mí todos los sueños del mundo. A Pessoa le quedaban sus sueños. Los míos se han evaporado. Me hundo sin remisión, buscando una paz que me niega sus cálidos brazos.
No hay nada nuevo. Ni la poesía muestra un cambio de sintaxis. Y arrastrar ese pesado bagaje por una escarpada montaña sin grietas en las que afianzarse, hace que el vértigo te invada y resulte más sencillo saltar al vacío.
Estoy cansada de vivir según lo que se espera de mí.
Tanto el María Moliner como la RAE están de acuerdo en el significado del término:
1. f. Capacidad de entender o comprender. 2. f. Capacidad de resolver problemas 3. f. Habilidad, destreza y experiencia. No hace mucho sufrí un grave lapsus y le atribuí a alguien Inteligencia cuando lo único que poseía eran memoria e imaginación, atributos que nada tienen que ver con la comprensión, la habilidad y la destreza.
Pero errar es de humanos y rectificar de sabios, así que a cada cual lo suyo.
Ser muy leído, si no se comprende lo que se lee, servirá para repetir cual papagayo el contenido, como recitar la tabla del 3, pero jamás para desarrollar una interpretación personal sobre ello. Mucho menos aún para mantener un debate y sostener nuestra argumentación.
No poseer un claro discernimiento sobre el bien y el mal (provocar y disfrutar con el dolor físico de otros se cuenta entre las cosas que están mal) tampoco ayudará precisamente a comprender ni entender, ya no al mundo en general, sino al pequeño microuniverso que nos rodea.
Si ante los problemas la opción más fácil es ser avestruz, encogerse de hombros y dejar que otros te resuelvan la papeleta en lugar de capear temporales, saltar obstáculos o responsabilizarse de los propios errores y limitaciones, que eso demostraría valor y aquí ni se le supone, cómo se va a asumir la contrariedad?. Ante los contratiempos su mejor solución es la fuga. Sin tocata.
Experiencia, cero. Habilidades, pocas. Destreza, ninguna. Y no solo me refiero al sexo. Lo peor es cuando en la absurda creencia de que se es el conde de Valmont, se niegan a aprender por mucho que se les insinúe sutilmente o se les diga de forma directa. Los hay tan pagados de sí o con tantos tabúes y cerrojos que, a menos que le pongan solución (remitámonos al apartado 3), o se buscan a alguien más bisoño o irán dejando un reguero de insatisfacciones a su paso. La pornografía, que tantos utilizan como forma de aprendizaje, admite una comparativa con las películas de Disney: En su mayor parte son mentira.
Así que ya véis. No se es inteligente por crear mundos fantásticos o vivir en la inopia, sino por superar inconvenientes, saber darle sentido a las cosas, profundizar, comprender, progresar, potenciar y mejorar.
La lástima no es que al planeta le falte gente inteligente, sino que le sobra demasiado necio.
Sé lo que es sentirse la persona más insignificante e insustancial del mundo. Da lo mismo que vayas de compras, a emborracharte con amigos o que empieces una nueva dieta a base de chocolate, porque cada noche te vas a dormir preguntándote qué hiciste mal, si podrías haber actuado de otra forma, cuestionándote una y otra vez todos los detalles y preguntándote cómo en ese momento creías que eras dichosa. Hay días en los que incluso piensas si él puede volver (belenos no lo quiera!)
Pero aunque este estado pueda parecer eterno, un buen día conoces a gente que te acepta sin reproches, sin esperar nada a cambio, así que rescatas de las profundidades tu amor propio, recoges uno a uno los dispersos pedazos de tu alma, la recompones y todo ese tiempo sombrío, ese período de tu existencia que has dilapidado parece que se disipa...
... Y decides aprovechar el momento.
Tomar ciertas decisiones es duro. Mucho. Una vez has escogido la próxima rama del árbol a la que vas a saltar, ya no hay vuelta atrás. Por eso me lleva un tiempo considerable emprender acciones sin retorno (según opinión popular, a veces, demasiado). Y cuando lo hago es para siempre y nada de lo que se pueda hacer o decir hará que modifique lo que he emprendido. Drástica? Si. He dejado suficientes cadáveres en el camino como para llenar la fosa común.
Las tormentas de verano son efímeras, el aguacero no es perenne y más tarde o más temprano, vuelve a salir el sol.
El pasado sigue ahí, con nosotros, como el musgo agarrado a las rocas. No podemos cambiarlo ni darle otro sentido. Es el que es. Obviamente podemos maquillarlo, vestirlo de fiesta o enterrarlo en la fosa más profunda. Pero no va a modificarse por mucho que lo encerremos, pintemos o disfracemos.
Como el de todos, mi pasado ha tenido buenos momentos que atesoraré a lo largo de los años, pero también tienen cabida aquellos en que apelarías a la bendita amnesia para que viniera a echarte una mano. De todas formas, como la amargura y el resentimiento no tienen lugar en mi vida, prefiero globalizarlo y dar por buenas cuantas experiencias haya tenido, puesto que me han llevado a ser la persona que soy.
Mi presente es incierto. Acusa los vaivenes de la fortuna. Arenas movedizas en las que a ratos me hundo, si bien es cierto que siempre encuentro una tabla de salvación.
Mi futuro es una escalera infinita sin destino preclaro. Puede que los escalones lleven hacia abajo, a las entrañas del infierno para departir amigablemente con el diablo o tal vez conduzcan al cielo, que no tengo claro cómo será, pero todo el mundo habla muy bien de él, como si fuera un hotel de cinco estrellas con jacuzzi y thalassoterapia.
Podemos suprimir el ayer, asesinar el hoy, pero pretender acabar con el mañana requiere ser un cretino con unas perspectivas de futuro tan paupérrimas que mejor haría en desaparecer del planeta para hacernos un favor.
Mientras ayer y hoy se entremezclan para mantenerme en equilibrio, me susurra una voz desde la nada: Soy el mañana. Y el mañana, generoso él, siempre concede una nueva oportunidad.
Me había propuesto hablar de la ciudad tomada por las miríadas de guiris, su galopante daltonismo con los semáforos y el fin del recorrido por la ruta Gaudí, pero estoy tormentosa.
Por eso hablaré sobre la ciudad que huele a meados tomada por los guiris, el pasotismo de éstos en cuanto a normas de urbanidad se refiere y el caluroso fin de recorrido por la ruta Gaudí.
Doy fe de que riegan cada día la Plaça Reial; lo he visto. Pero los accesos a la plaza, principalmente los arcos que dan a la Rambla, pases a la hora que pases huelen a orina y vomitona. Porque riegan el suelo, pero no los muros. Antes de entrar, si me veo obligada a hacerlo, cojo aire y no lo suelto hasta que no he llegado al otro extremo de la arcada, así evito que me den eso, arcadas. Porque da mucho asco tener que oler las micciones de los sujetos que se dedican a regar las paredes como si de perros y árboles se tratara.
Es que en Alemania, Francia, Inglaterra, Suecia y demás países de Europa no existen los semáforos? Me he dejado a propósito Italia, que allí si los conocen pero hacen caso omiso, por eso el tráfico es un "casino", aunque más bien lo definiría como una ruleta rusa.
Los guiris, cuando vienen aquí, creen que la calle es suya (habrán leído a Fraga?) y no se apartan, no, igual es que por el precio de una semana a pensión completa también creen que les entra la cirugía plástica...
He descubierto que Gaudí construyó más edificios en Barcelona que los que normalmente toman los turistas por asalto.
En la calle Casp hay uno donde las caras de la fachada dan mucho miedo y encima del portal del vestíbulo también se encuentra un árbol de la vida parecido al de la Sagrada Familia.
En la calle de les Carolines, en Gracia, otro edificio bastante peculiar, con su tela de araña, su contraventana espiral y su valla forjada.
En Nou de la Rambla, el Palau Güell, con un símbolo arcoiris, quizá un avance de bandera gay...
Y qué decir del dragón que adorna la puerta de la finca de la avenida Pedralbes? La de veces que habré pasado por allí para tomarme unas copas en "Los Tilos" y ni me había fijado! Lo que te pierdes cuando solo pasas por ciertos lugares de noche...
Para finalizar, la casa Batlló, mucho más mística que la Pedrera según mi parecer. Huesos y burbujas, el vientre de la ballena, dragones de liláceas escamas y caracolas azules te sumergen en un espacio marino creado para buscar el silencio, para hallar la paz.
La paz del Kaos sea siempre con vosotros... y con mi espíritu.
Casi nunca suelo mirar las sugerencias de amigos del feisbuc. Si quiero agregar a alguien que me interese, suelo buscarle por nombre y/o por dirección de mail y ahí se acaba todo. Pero hace unos días me entró la curiosidad. Y aunque la curiosidad puede que no matara al gato, existe la posibilidad de que lo dejara tuerto.
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida... Aunque ésta fue como si me metieran en una bañera llena de hielo en pleno mes de enero.
Compartí con el señor X muchas horas de conversación, primero por messenger y después por skype. Se vestía delante de la pantalla (o eso decía) para poder estafarle unos minutos más al tiempo. Esos minutos iniciales pronto se convirtieron en días, semanas y meses.
Luego, de repente, un día desapareció (los hombres importantes de mi vida tienen todos esa irritante costumbre). Cuando volvió a aparecer, fue para despedirse de forma drámatica.
Quiso que escribiera un responso y lo hice. Me invadió el desconsuelo, se había ido al mismo tiempo que mi madre...
Kronos, si bien no lo cura todo, es excelente en primeros auxilios y así, matando dos pájaros de un tiro, pude capear el temporal de decesos.
Hasta esta semana.
Cuando he descubierto que se puede nombrar en vano una enfermedad terminal y ponerla de excusa, jugar con los sentimientos, la preocupación y mofarse del dolor por la pérdida.
Mi madre, evidentemente, no ha vuelto de entre los muertos, pero el señor X si.
Y no estaba muerto, no, no, y no estaba muerto, no, no, y no estaba muerto, no, no, estaba tomando cañas lerelele....
Utilizar la dirección de correo que utilizabas en el messenger para inscribirte en el feisbuc es un error si lo que pretendes es que te sigan dando por desaparecido. Al no caer en la cuenta, se te muestra como sugerencia a todos los contactos que no hayas eliminado de Windows Live Hotmail, que es un soplón de la peor calaña.
Ya sabéis, cuando queráis darle carpetazo a alguien, eliminad cualquier rastro que podáis haber dejado, porque no hará falta llamar a ningún equipo del CSI para seguiros la pista.
Por qué cuando las historias se acaban nos preguntamos si realmente nos han amado?
Porque los hombres luchan por dinero, por una posición social, por la fama, por la gloria, por la patria, por venganza o por orgullo, incluso para rescatar doncellas (mojigatas y/o casquivanas con toda seguridad) de las fauces del dragón, pero en sus obtusas mentes no cabe luchar por amor.
Alguno se obnubila a la que una de estas doncellas (o zorrones) le presta la más mínima atención y se afana en ver en ella a su alter ego, nunca mejor dicho, porque la susodicha en cuestión será tan poco altruísta como él y en cuanto atisbe las carencias que el sujeto acarrea consigo, aparecerán los individualismos propios, las minidosis de paciencia y el egocentrismo concentrado, con lo que todo ese "espejismo" se irá al traste en cuestión de días o, si el espécimen tiene un poco de suerte y sabe esconder muy bien los múltiples defectos, al cabo de unas semanas. Después dicen tener relaciones de amor y odio...
Deben sentirse muy ufanos coleccionando mujeres, aunque lo que tengan en casa supere con creces cualquier cosa que puedan encontrar. Sé de uno al que le entusiasma lo de ir captando imbéciles e idiotas, cuanto más vulgares, mejor. Supongo que es algo relacionado con la vanidad, la realización, el infantilismo , sentirse superior intelectualmente o vete tú a saber qué, porque yo, desde luego, no lo entiendo ni lo entenderé nunca.
Personajes como este que conozco son los que hacen que, después de mantener una breve pero intensa relación con ellos, te den ganas de ingresar en un convento.
Oh si!, sin ningún tipo de duda, nos merecemos algo mejor que los hombres que solemos escoger para que compartan nuestra vida.
Es mejor que te bese un sapo, al menos sabrás seguro que es tóxico.
El 27º Salón Internacional del Cómic estaba mayoritariamente lleno de adolescentes histéricas que me habrán dejado con una atrofia crónica de tímpanos, de gente que todavía no se ha enterado de que de momento no hay restricciones de agua por la sequía y pueden utilizar sin miedo el agua y el jabón y de esperpentos disfrazados que creen que deben ser muy fashion cuando lo que debería decirles alguien con sentido común es que lo que realmente son es ridículos.
Supongo que haber cambiado la fecha no variaría en nada estas apreciaciones. Lo que sí ha modificado el haber ido hoy en lugar del lunes es el hecho de que le he perdido cualquier tipo de respeto a una ilustre "ilustradora".
Victoria Francés tenía prevista la firma de libros en el stand de Norma Cómics a las 10:30 de esta mañana. Con unos minutos de retraso se aposentaba en la silla que le había sido adjudicada, mientras la cola iba creciendo cada vez más.
Nosotros, que llevábamos en la misma media hora (desde que han abierto las puertas), teníamos en ese momento a unas 15 personas delante. Con una inocencia digna de una virgen vestal hemos pensado que en media hora más tendríamos el libro firmado y podríamos aprovechar para visitar el resto de stands sin las normales aglomeraciones que a servidora tan poco le gustan y que le hacen desear una masacre generalizada (y para eso nos hemos levantado temprano).
Pues iba a ser que no. A la hora de no movernos del mismo medio metro cuadrado hemos empezado a preguntárnos qué demonios estaba pasando. Los devotos que iban delante nuestro nos han sacado de la santa ignorancia en la que estábamos inmersos: La señora Francés, que hoy venía inspirada y dispuestísima a hacer las delicias de sus seguidores se ha dedicado, con toda la parsimonia de la que es capaz, a hacer dibujitos en las dos primeras páginas de cada libro. Con un promedio de 15' por libro, ya os podéis imaginar el resultado (y eso que se ha negado a firmar (solo firmar) a gente que llevaba tanto rato como nosotros esperando porque no se habían dejado los dineros en sus libros y solo portaban una hoja en blanco, con lo que hemos avanzado un par de puestos).
A las 12:30 se ha dado por satisfecha. Todavía teníamos a dos personas delante y muchísimas más detrás. Una de las agentes de Norma Cómics nos ha informado de que recogería 20 libros para que Victoria los firmara y que podíamos acercarnos a buscarlos antes de las 14h. Ante ese anuncio la batalla que ha empezado por ser uno de los 20 elegidos ha sido tremenda. Todos querían colarse, con el enfado natural de los que llevábamos tanto rato a pie parado y que solo permitiríamos que nos pasaran por delante si no nos convertían primero en cadáveres.
Por supuesto que lo hemos conseguido. Le he dejado el libro, el nombre al cual quería que fuera dedicado y nos hemos dispuesto a intentar ver algo del resto del salón, ya que a esas horas la afluencia era masiva.
Unos cuantos gruñidos y bufidos después, sin poder meter la nariz en muchos de los stands debido a la inmensa cantidad de energúmenos maleducados con mochilas cargadas hasta los topes que no miran a quién le arrean cuando se giran, hemos vuelto al box de Norma Cómics a preguntar si ya estaban los libros firmados. Nos dicen que todavía no. Yo ya estaba saturada y agobiada de deambular entre frikis y hemos salido fuera a respirar (y a fumar). En ésas estábamos cuando aparece la doña acompañada de su séquito, todo sonrisas y abrazos. Y la muy jodida, después del baño de multitudes, se aleja por la avenida Maria Cristina, en dirección a la Plaza de España.
Hemos esperado hasta las 13:50, aunque ya sabíamos lo que iba a suceder, pero por intentarlo que no fuera. Me acerco de nuevo al stand, y ante mi estupor me dicen que vuelva por la tarde, que Victoria se ha ido a comer y ha dejado los libros sin firmar. Por unos segundos me he sentido como si estuviera en un estamento oficial, delante de un funcionario cualquiera y su frase más manida: -vuelva usted mañana-. Quizá para Victoria nuestro tiempo no signifique nada, pero para mi, el mío es tan valioso como para ella el suyo. Y ni teníamos tiempo, y mucho menos ganas, de esperar a que le diera la real gana de volver de su ágape, que también teníamos hambre y planes tan importantes como llenar la nevera.
Si esa señora se hubiera dedicado únicamente a firmar en lugar de hacer el pamplinas, posiblemente todos los que estábamos en la cola habríamos salido de allí satisfechos, con nuestro ejemplar rubricado y tan felices como unas castañuelas. No niego que los que han tenido el privilegio de contar con un dibujo personalizado deben estar en la gloria, pero qué queréis que os diga, para mi ha sido un claro ejemplo de desconsideración, falta de respeto y de educación hacia la multitud que se apiñaba esperando y que se han quedado compuestos, con unos cuantos euros menos y sin su ansiada dedicatoria .
Supongo que los más incondicionales habrán vuelto por la tarde, unos a recoger el libro con la firma, y otros a volver a la cola con la esperanza de conseguir el tan preciado boceto. No lo sé. Lo que es yo, os aseguro que nunca voy a comprar nada suyo.
Ah, que no había quedado claro? El libro no era para mí. Ni siquiera es una de mis ilustradoras favoritas.
Por si todavía queda algún despistado, éste dibujo es de Luis Royo.
Barcelona parecía un pueblo fantasma. Pocos transeuntes, mayoritariamente mujeres y extranjeros a los que les debía dar lo mismo que se jugara a fútbol.
La ciudad entera se paralizó. Creo que incluso los controladores tenían a los aviones dando vueltas en el espacio aéreo hasta que finalizara el partido.
Y nuestro equipo ganó.
Se desató la euforia. Canaletas, una vez más, se convirtió en punto de encuentro de los fervientes seguidores (y sufridores); coches pitando, fuegos artificiales y miles de descorches de botellas de cava (haciendo país, como debe ser).
A la mañana siguiente se acusaba la resaca, tanto de alcohol como de sueño; la mayor parte de las tertulias versaba sobre el mismo tema.
Ese es el poder del fútbol.
En épocas de crisis como la que estamos pasando la gente tiende a aferrarse a algo, lo que sea, para hacer más llevaderos los problemas. Unos se decantarán por la religión, otros por despotricar contra los gobiernos y bancos. Y el balompié parece ser un buen catalizador de emociones.
Pero que nuestros colores consigan el triplete no nos va a dar de comer ni nos pagará la hipoteca. Es más, os habéis parado a pensar que, con la millonada que ganan estos señores de por sí, más las primas que reciben por ganar competiciones importantes, sumado a los beneficios por contratos publicitarios, podría sacar al país entero (y algún otro posiblemente) de la crisis que padecemos?
Supuestamente, ellos se divierten con su "trabajo". No salvan vidas, ni construyen casas, ni inventan artefactos que nos hagan más cómoda la existencia. No tienen más responsabilidad que intentar meter un balón en una portería. No se dejan los cuernos cada día; en cambio, cobran más por un solo partido de lo que cualquiera de nosotros ganaremos en toda nuestra carrera laboral. Es justo? Es necesario?
Hace poco un amigo se preguntaba qué había hecho él en la vida para no tener eso, amigos. La respuesta era obvia y así se lo hice saber: su falta de criterio a la hora de escogerlos.
Nunca le estaré lo suficientemente agradecida al mío (de criterio) por las elecciones que he ido realizando a lo largo de los años. Y a ellos (a mis amigos) también, por supuesto.
Podremos no estar de acuerdo en muchas cosas, no entenderán/entenderé algunos de mis/sus actos o decisiones, discutiremos y/o nos diremos cosas que no me/les gustará escuchar. Pero siempre, siempre están ahí cuando les necesito.
Aka, Blanca, Cristina, David, Eva, Jordi, Laura, Mar, Marc, Maria y Ra forman parte desde hace (algunos muchos) años de mi selecto y escogido grupo de amigos. Hay más; unos han vuelto al cabo de un tiempo y otros prefieren quedar en el anonimato. Aunque no los nombre, sabrán darse por aludidos, verdad que si?.
Todos ellos especiales, diferentes, con su personal y maravillosa idiosincrasia. Con sus puntos de vista afines o contrarios. Luchadores y supervivientes. Dicotómicos.
Aficiones, ideología, filosofía de vida, experiencias, borracheras, llantos, risas, felicidad, sueños, venganzas, alegrías, sinsabores y sentido del humor. Con unos mucho, con otros solo algunas de ellas, pero compartiendo. La pena se diluye y la alegría se multiplica cuando les hago partícipes.
Y me siento afortunada por el hecho de que quieran serlo (amigos) y sigan siéndolo con el devenir de los años.