lunes, 8 de junio de 2009

In the Company of Men



Por qué cuando las historias se acaban nos preguntamos si realmente nos han amado?

Porque los hombres luchan por dinero, por una posición social, por la fama, por la gloria, por la patria, por venganza o por orgullo, incluso para rescatar doncellas (mojigatas y/o casquivanas con toda seguridad) de las fauces del dragón, pero en sus obtusas mentes no cabe luchar por amor.

Alguno se obnubila a la que una de estas doncellas (o zorrones) le presta la más mínima atención y se afana en ver en ella a su alter ego, nunca mejor dicho, porque la susodicha en cuestión será tan poco altruísta como él y en cuanto atisbe las carencias que el sujeto acarrea consigo, aparecerán los individualismos propios, las minidosis de paciencia y el egocentrismo concentrado, con lo que todo ese "espejismo" se irá al traste en cuestión de días o, si el espécimen tiene un poco de suerte y sabe esconder muy bien los múltiples defectos, al cabo de unas semanas. Después dicen tener relaciones de amor y odio...

Deben sentirse muy ufanos coleccionando mujeres, aunque lo que tengan en casa supere con creces cualquier cosa que puedan encontrar. Sé de uno al que le entusiasma lo de ir captando imbéciles e idiotas, cuanto más vulgares, mejor. Supongo que es algo relacionado con la vanidad, la realización, el infantilismo , sentirse superior intelectualmente o vete tú a saber qué, porque yo, desde luego, no lo entiendo ni lo entenderé nunca.

Personajes como este que conozco son los que hacen que, después de mantener una breve pero intensa relación con ellos, te den ganas de ingresar en un convento.

Oh si!, sin ningún tipo de duda, nos merecemos algo mejor que los hombres que solemos escoger para que compartan nuestra vida.

Es mejor que te bese un sapo, al menos sabrás seguro que es tóxico.


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