lunes, 4 de enero de 2010

The Year One



Si en estos momentos mis dedos pueden posarse... ejem... dulcemente sobre las teclas es porque algún ente, sea del tipo que sea, hizo horas extras el día de fin de año. Vamos, que me faltó muy poco para poder mantener una interesante charla ya fuera con el de arriba o con el de abajo. Ahora que lo pienso, quizá es que la cuota de admisiones ya estaba completa, o los porteros tenían vacaciones, o se les había perdido la hoja con mis datos... quién sabe.

En fin, que aquí sigo y espero que sea por mucho tiempo porque lo de dar guerra, definitivamente, me pone.

Un enero más con su cuesta, aunque no le encuentro demasiada lógica a poner de vuelta y media a este primer més, puesto que en diciembre tenemos paga doble (los afortunados) y aunque nos la pulamos comprando sin medida, la visa no la quemamos hasta enero, así que el sablazo nos llega en febrero, con lo que es este més en el que más que cuesta lo que tendremos es la ascensión al K2 por la cara chunga y sin oxígeno.

Pero bueno, allá cada cual con sus finanzas, suficiente hago con ocuparme de las mías, que bastante enmarañadas están.

Y lo que yo quería, de hecho, era hablar de cadáveres. Si, como lo leéis: muertos. Porque me he propuesto enterrar los míos, que empiezan a oler mal de tanto estar de parranda fuera de su lugar habitual, o sea, sus tumbas. Suelen ser bastante reacios a mis mandatos, pero esta vez me he provisto de gruesas cadenas para mantenerlos en su sitio. No, no estoy desvariando. Los que me acompañan allá donde voy no me preocupan, a esos, con una orden clara y concisa, los mando de vuelta por donde han venido. Los indomables son los que todavía andan y me mantienen anclada a ellos aunque yo no quiera. Es de esos de los que voy a deshacerme.

Así que adiós a mis monstruos particulares, esos que creen que les pertenezco en cuerpo y alma, los que piensan que jamás caerán en el saco del olvido, aquellos que por su propio beneficio no han tenido en cuenta ni mis derechos, ni mis intereses, ni mis sentimientos. Muertos, enterrados y recubiertos de plomo. O, si lo prefieren, que sean ellos los que decidan que he muerto y que jamás volverán a saber de mí.

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Me he enamorado de la canción que encabeza el post de hoy. Es posible que no os guste Vonda Shepard. También es posible que este tipo de música no sea de vuestro agrado. De todas formas, dadle una oportunidad. Quedáos con la música y con esos diez segundos de guitarra entre el estribillo y la segunda estrofa. Solo por eso, ya merece la pena.

And my heart is open
no matter what you say
Here comes another January...

9 comentarios:

Anónimo dijo...

"Soy el amo de mi destino. Soy el capitán de mi alma."

Kaos dijo...

Eso me gustaría ser a mi también. Invictus.

Anónimo dijo...

Vaya, vaya...

Kaos dijo...

Aquí si que hay playa, y mucha

Anónimo dijo...

¡Está viva!

Kaos dijo...

Uhm... sí, aún queda alguna parte de mí coleando por ahí...

Anónimo dijo...

Me alegro que estés ahí, para dar guerra y lo que haga falta.

pero, ¿estás viva viva 100%? ¿Nada de cosas raras, ni reanimaciones ni magia oscura?

¿Y es que ya no escribes? ¡14 días sin postear! Puf... qué desesperación.

Kaos dijo...

Viva 100%? No, eso no. Los virus me tienen medio muerta desde hace más de una semana.

Justo en breves segundos voy a colgar el próximo post.

Anónimo dijo...

Ay, ay, ay...

Ay!