jueves, 18 de febrero de 2010

The Ugly Truth



No le puedes caer bien a todo el mundo. Sin ir demasiado lejos, yo suelo caer bastante mal al principio. Y a veces al final también.

Es por eso que las personas que se desviven por caerles bien a sus semejantes, que nunca hablan mal de nadie, que jamás se enfadan (o eso dicen) me parecen unos hipócritas de tomo y lomo, dispuestos a clavarte el cuchillo en la espalda a la que te descuides. Siempre habrá unos por los que sientas más simpatía que por otros, más teniendo en cuenta que algunos han nacido odiables.

A mí me da lo mismo si les gusto o no al resto de los mortales, casi con toda seguridad un porcentaje altísimo de ellos me caerá mal, así que con muchos será algo recíproco. Y a los que no les desagrada mi forma de ser, necesitarán de toda su astucia para que a mí me guste la suya.

Y me enfado a menudo también. Pillo unos cabreos del quince si estoy concentrada en algo y me hablan, si espero algo de alguien y me defrauda, si lo que he planificado se tuerce, si no estoy de humor y me vienen con tonterías, si me presionan para que haga algo que no quiero hacer, si... No acabaría nunca.

Una de las cosas que me sublevan es el mal cine. Y ayer vi un claro ejemplo. Recordaba la película original y, lo que es más, la serie que se generó a raíz de la película. Cómo olvidar a Leroy, Bruno, Coco, Julie, Doris, Danny... Sí, estoy hablando de "Fama". Lo que han hecho no tiene nombre, al menos no un nombre bueno. Más que un remake parece un mini-resumen. Si no saben innovar, al menos podrían tener la decencia de intentar igualar, por no exigirles que superen, la cinta inicial. Pero la factoria hollywoodiense también sufre una crisis, que no será económica pero sí de imaginación y creatividad.

Por suerte, no todo tienen que ser burdas copias y cada día se descubre algo nuevo. Como el pianista que da la entrada a este post: David Lanz, del que no había escuchado nada hasta ahora pero que ya forma parte de mi surtido musical en spotify.

Os dejo en la mejor compañía, con Johnny Deep y el prólogo de "The libertine", que no será la mejor película de la historia, pero sí una de las inolvidables.



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