domingo, 30 de julio de 2006

La jet set

Cuando Miguel Bosé cantaba eso de "Libertad de los anuncios/De jabones para actrices/De los tacos de los dedos/Con que hurgarme las narices" no estaba haciendo apología de nada, pero hay gente que se lo toma literalmente. Perpleja me dejó la persona que tenía delante en la cena del sábado. Primero no tuvo ningún reparo en hurgarse los molares con el dedo, aunque mejor podría decir que metió la mano entera (y ya puestos seguiríamos con: le metió una pierna, le metió la cabeza y hasta una llave inglesa, le metió el bocadillo y dentró se cayó...); no satisfecha con eso, me obsequió con la espantosa visión de su índice escarbando hasta el tabique nasal. Menos mal que los sucesos se dieron en ese orden, imagináos lo contrario... todo un espectáculo.
Cualquiera de mis acciones en público, anteriores o posteriores a eso, pueden ser consideradas pecata minuta.
A veces ser tan correcta subleva mis instintos más primarios. Ante todo cuando un necio con quien has compartido mesa por mera casualidad se comporta de forma descortés y nadie dice nada. Por respeto callas, pero por dentro se te están llevando los demonios.
Matemático dijeron que era... y aburrido hasta el bostezo. Más le valdría aprender qué significan palabras como Phronemofobia, que es lo que padece.

Y cuanto más tercos se ponen con el tabaco, más recalcitrante me vuelven. Debo dar gracias por la visión comercial que tiene la mayor parte del colectivo hostelero de la ciudad, que nos permite encender cuantos cigarrillos queramos sin hacernos sentir como bichos raros. Claro que ayer no se dio el caso, pero acabé tomándome la copa en mi casa, con lo que me salió más barato.

Antes, cuando era más joven e impulsiva poco me importaba si a los demás les sentaba mal lo que decía. Lo importante era no sentirme mal yo, que es lo que suele pasarme cuando no dejo salir mi carácter. Quizá deba volver a los viejos tiempos...

"Laideronnette, impératrice des Pagodes" - Ma mère l'oye - Maurice Ravel

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