jueves, 5 de julio de 2007

Encadenados

Cada vez que voy a visitar a Jordi y Laura me da por verificar mis constantes vitales. No, no es que sea hipocondriaca, es que Laura siempre tiene a mano el tensiómetro. En su casa no se aplica lo de la cuchara de palo; es enfermera y tiene de todo, como en botica.

Pulso: 68 Ivan Lendl lo tenía más bajo pero no me estoy preparando para ningún maratón.
Tensión arterial: 6/9. En mi línea. A un paso del telele.
Temperatura: 34,6º Vaya... he dejado de ser un mamífero para empezar a formar parte del mundo ictícola.

Un mar de color pizarra.

El drenaje energético es tan metódico y perseverante que llega a la extenuación.

Me siento exhausta. Mera sombra de lo que normalmente soy.

La sublime sencillez de una tela arácnida, filigrana plateada bañada de rocío. Eso es. Pero el ser humano es demasiado complejo para entenderlo.



No puedo permitirme lujos como soñar. No está ahí. Ni lejos ni cerca. Ya no existe, pero las cadenas no se rompen soplando.

Y yo sin llaves.

Will you return?

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