jueves, 13 de septiembre de 2007

Los jardines de la memoria




La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida...

Decimos que la realidad supera la ficción y no nos apercibimos de que demasiadas veces así es. Solo cuando ya es tarde te percatas que estás viviendo en Matrix, Gotham o en el Los Angeles imaginado por Philip K. Dick.

Existen personas que tienen ciertos instintos muy acusados. Más o menos como los felinos, que son cazadores natos. En el caso de estos personajes, podemos cambiar el verbo cazar por seducir. Es superior a ellos. Necesitan sentir que atraen a los demás solo para satisfacer su ego, o su desastrosa autoestima. A menudo tomo como ejemplo a mis gatos. Ellos cazan, si, pero únicamente juegan con el pobre animal hasta que se cansan. El problema reside en que el bicho que han cazado acaba muerto y seguro que él no ha disfrutado para nada del juego. Claro está, mis gatos no tienen raciocinio, se limitan a seguir lo que les dicta su naturaleza. Pero en humanos, que supuestamente deberían tener criterio (y valores) queda tremendamente feo.

Con lo poco que me gustan las personas, podría tomarse por incongruencia lo mucho que me gusta la naturaleza humana. Practico la antropsicología a la mínima ocasión. Las preguntas escabrosas, llegar al fondo de la mente de mi interlocutor, adivinar antes de que me cuenten; quizá yo también tenga algo de cazadora... He aprendido a ser reservada, a guardar mis opiniones. Cuando se les permite expresarse a sus anchas, no son conscientes de los terabytes ocultos que transmiten. Solo es necesario escuchar atentamente, almacenar la información y procesarla de forma correcta. Así es fácil poder emitir un juicio certero.

Ha sido una semana intensa. Boda, conciertos, cenas, encuentros... Estamos de fiesta en el barrio y la semana que viene empieza la de la ciudad. Necesitaría el doble de horas para poder asistir a todo lo que me interesa.

Dice David que este ha sido mi año ong por excelencia. Supongo que tiene razón. Normalmente siempre la tiene. No por nada es mi sensei.

Esta vez bajó Eva en lugar de subir yo, y me gustó el cambio. Lo que ya no me gusta nada es que las cartas me indiquen un camino que no estoy muy dispuesta a seguir.



2 comentarios:

Eva dijo...

ay! las cartas, las cartas.... Ya sabes, es un juego, solo eso, pero también es verdad q no suelen mentir.... a veces, solo a veces, se equivocan, sobre todo de fechas. Por eso, preparate para vivir aquello a lo q mas temes, porque lo q tenga q ser será, y creemé, será!
Petonets mil :)

Blanca dijo...

Es cierto que hay quien tiene esa necesidad de cazar y tambien es cierto que hay quien no la puede controlar. Despliegan esa tela de araña y nos enganchan. Naturaleza???