martes, 6 de noviembre de 2007

Jovenes y brujas

Que las mujeres somos tontas lo sabemos todas las que pertenecemos a este género, y si a estas alturas todavía alguna no lo tiene asumido debe ser porque: a) es muy pequeña y no está concienciada o, b) es idiota sin remedio ni solución. Cometemos millones de estupideces en nombre de lo que creemos que es amor cuando en realidad lo transformamos en devoción y absoluta sumisión. Lo de "cuidarle y respetarle" nos lo tomamos en serio, aunque muchas lo hayan visto solo como invitadas a bodas y en películas.

Aunque lo peor quizá sea el miedo subyacente al qué dirán, en estos tiempos en que se supone que estamos emancipadas y proclamamos tanta independencia y autosuficiencia, si afirmamos que no solamente queremos sexo, sino que lo que deseamos es alguien con quien compartir tan cacareada individualidad. Por qué lo llamamos sexo cuando realmente queremos decir amor? Es de lo más ridículo observar a una mujer afirmar rotundamente que no, que por nada del mundo quiere un hombre a su lado a no ser para satisfacer las necesidades más básicas y detectar por otro lado esas ansias desaforadas por emparejarse, establecer una unión estable y formar parte de algo que parece les falta. Reconocer públicamente que no estás hecha para estar sola no es malo, nadie va a lapidarte, aunque puedas ser motivo de algunos significativos arqueos de cejas por ocultación de intenciones hasta el momento.

Una de las frases más usadas es la que reza que la confianza da asco. Normalmente la razón está de ese lado. Por qué a veces se empeñan en querer compartir contigo cosas que tu no tienes ningunas ganas de que compartan? No dejar nada a la imaginación pierde toda la gracia, al menos bajo mi punto de vista. Será porque me gusta mucho más el ejercicio de descubrir poco a poco, obtener pequeñas victorias, que el saberlo todo de alguien sin lugar a dudas.

No recuerdo quién acuño el término "ameba" para definir a esos hombres a los que una mujer les puede contar cualquier cosa puesto que nunca se va a acostar con ellos. Empiezo a odiar esa palabra. Una cosa es que la utilice yo y otra muy distinta que la utilicen conmigo. Al único que le permito definirme como tal es a David, aunque él es bastante más circunspecto con los vocablos y discretamente nos convierte en seres asexuados. Hay millones de situaciones en las que mi paciencia brilla por su ausencia, pero para hacer que alguien se trague sus palabras puedo esperar años, y si no, que se lo pregunten a cierto letrado, que no podrá olvidarme en lo que le queda de vida... Así que cuidadín con las definiciones, no sea que se vuelvan en contra de quien las profiere.

3 comentarios:

Blanca dijo...

Pues si señora tens tota la rao.
Que ta dao???

Gattaca dijo...

Estoy de acurdo! Pero.. q te ha pasado? Alguna novedad digna de mención? O simplemente la realidad de siempre?
A todas nos gusta nuestra independancia, a todas nos gusta el sexo por solo el gusto de practicarlo, pero no se puede negar q a todas nos gustaría estar en pareja, el único problema es q algunas somos conscientes de q el tipoo de pareja q queremos o mas bien necesitamos no está aún fabricado, q aún es un prototipo, así q nos fastidiaremos, disfrutaremos de nuestra soledad y esperaremos a ver si hay suerte y sale pronto al mercado....

Kaos dijo...

No os asustéis, que no hay novedades ni cambios de opinión por mi parte. Lo que pretendía reflejar, siempre desde un punto de vista generalizado, es la hipocresía que impera en el mundo de las féminas.