viernes, 22 de febrero de 2008

"Always look on the bright side of life"

Lo cantaban los Monty Python en "La vida de Brian"; mira siempre el lado positivo de la vida. Claro que era una parodia, pero también una enseñanza de cómo tomarse lo peor con estoicismo, y dieron una muestra de ello cuando tuvieron que aplicarse el cuento.

Mi sentido del humor, por estupendo que sea, no les llega a la suela del zapato. Quizá por eso me es tan difícil asumir la pérdida de mi madre y por mucho que intente encontrarle la parte positiva no la encuentro por ningún lado. No estaba preparada para esto, y mira que llego a ser previsora...

Cada noche le pedía que me esperara hasta la mañana siguiente, pero acabó haciendo lo que quiso, que a terca no la ganaba nadie.

El tiempo es como un caballo desbocado; no asimilo que ya ha pasado una semana. Una semana y cuatro días desde la llamada del hospital. Una semana y cuatro días desde que a las tres de la madrugada estaba en los servicios funerarios contestando una serie de preguntas que se me antojaban dignas de una película de David Lynch. Una semana y tres días desde el entierro. Una semana y dos días desde la recogida de sus cenizas en el crematorio de Montjuïc, con otra sesión surrealista, certificado de viaje incluído, por si quiero llevarme la urna a ver mundo.
Me asaltan pensamientos simples. Ya no me llamará para ofrecerme un plato de sopa el domingo a mediodía. Ni comprará latas de berberechos para mis gatos. No coleccionará más relojes y pulseras.

Dicen que es difícil compadecerme. Supongo que así es. Porque entiendo que ante una situación así, no valen las palabras, no sirven los sentidos pésames ni las más expresivas condolencias.

Algo que me hace sonreír: -Cómo estás? Como frase hecha está bien, pero en esta circunstancia sobra la pregunta. Mal.

Una respuesta que descoloca: -Necesitas algo? Claro que si, a mi madre. Puedes devolvérmela?

Fluctúo entre la tristeza, el mal humor y el sentido del humor más negro.

A las maravillosas personas que han estado a mi lado en estos momentos y que me siguen brindando su apoyo, gracias.

Soy persona de cambios constantes, pero ahora necesito que la rutina diaria vuelva menos inmenso el vacío que siento.

Véis cómo tengo sobrados motivos para odiar los años bisiestos?

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