lunes, 9 de febrero de 2009

All Things Fair




Os he dicho alguna vez que las actualizaciones del maldito Panda antivirus son de lo más tediosas? Enciendes el ordenador y el animalito del demonio te lo ralentiza. No digamos cuando te conectas a la red. Tanto si como no tiene que ser el primero en acaparar toda la banda de conexión para actualizarse. Y rápido no es precisamente...

Hoy me siento pitufo gruñón.

Será porque cuando ha sonado el despertador me he levantado de un salto sin acordarme para nada de mi rodilla, y el dolor que me ha provocado esa leve falta de memoria matinal lo he estado pagando con creces durante el resto del día, además de ganarme una bronca del fisio por ser tan temeraria.

Ciertamente, algunas veces arriesgo más de la cuenta, aunque lo que se me da bien es provocar. Como ayer por la tarde mientras iba en el autobús que me llevaba de vuelta a la ciudad. Tenía delante mío a una señora de edad considerable, muy atenta a mi conversación telefónica. Dado su interés por algo que consideré no le concernía lo más mínimo, aproveché su desmesurada atención e hice hincapié en una pequeña parte de lo que estaba diciendo mi interlocutor -algo sobre la exploración de cuerpo y mente- para recalcar lo de explorar "mi" cuerpo, con lo que la buena mujer pegó tal respingo que hasta yo me asusté; se me estaban ocurriendo algunas palabras muy sugestivas a beneficio de la cotilla pero no podía aguantarme la risa, así que al final opté por cambiarme a un asiento desde el que poder disfrutar en paz del resto de la charla.

Confieso que la mayor parte de las veces me divierto lo indecible provocando. Es un refinado y pérfido arte. Comprobar dónde está el límite de alguien, de algo. Dando cada vez una vuelta más, hasta que cede. Claro que a veces puede suceder que, de tanto tensar, te acabes sacando un ojo. Para mí es como afinar las cuerdas de la guitarra: vas apretando las clavijas, sin fiarte demasiado, hasta que el tono sea de tu gusto. También acepto que me provoquen, siempre y cuando sea de manera sutil y taimada. No hay nada mejor que un reto (si lo acepto es porque sé que voy a ganar, si no, ni me molesto). Lamentablemente, existe poca gente que juegue bien el juego de la provocación, suelen ser demasiado zafios. Les ves venir de lejos y pierde toda la gracia.

Hacía mucho que no salía a cenar, y ayer tuve la ocasión de desquitarme de tan largo encierro. Es verdad que, cuando catalogamos a un hombre de "encantador" normalmente no lo contemplamos como "futurible" para nada, salvo como amigo. A las mujeres nos pasa lo mismo cuando nos dicen que somos las mejores amigas o nos adjetivan como "simpática". Oyes eso y piensas: vaya, así que solo voy a servirle para eso, cuando lo que realmente pretendes es un olímpico revolcón. Yo lo tengo difícil; nadie en su sano juicio puede decir que sea simpática y no doy las suficientes oportunidades para que me vean como su mejor amiga. Entonces, qué tipo de adjetivo se me puede dar? Es como Aka, que piensa que soy "mona" (y un poco simio también), pero eso le ocurre porque me quiere y sabe ver mi "belleza" interior. El espejo mágico, que solo refleja el exterior, me dice cada día sin ahorrar en franqueza que la hermosura la perdí hace tiempo, más o menos cuando dejé aparcadas las muñecas para abrazar el libro de los muertos egipcio.

Eso si, mi cerebro abarca universos...


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