lunes, 16 de febrero de 2009

El viaje a ninguna parte




A las 20h aparece el L94 en la parada Av. Castelldefels con Av. de la Barona. No sé qué nomenclatura tiene la del otro lado, para mi será siempre la del club de tenis Andrés Jimeno.

En el otro banco se ha sentado una pareja mayor. Él apesta a vino. Al poco, llega otro grupo de gente. A estas horas, todo el que ha venido a pasar el fin de semana al apartamento de la playa, regresa a la ciudad para volver a iniciar la rutina diaria.

El autobús se llenará más tarde, pero por ahora somos pocos los pasajeros. No escucho más que el ruido del motor de fondo, el mp4 con la música máquina me salva de conversaciones ajenas. Adoro aislarme. De todo. Aleatoriamente levanto la vista y lo que aparece a través de los no muy sucios cristales es la acristalada terminal de El Prat, con todas las lucecitas rojas de las gruas, que en la oscuridad les dan un aire de pequeña ciudad cibernética.

-... Tu eres lo más lindo de mi vida aunque no te lo diga, aunque no te lo diga...- canta Marisol y, si no fuera por mi acusado sentido del ridículo, me pondría a cantar y a bailar en el pasillo.

Voy repasando si me he dejado algo olvidado: gas apagado, todo lo necesario en el bolso, que he cambiado en previsión de que el miércoles ya pueda conducir, así como la chaqueta y las botas "moteras".

Pasamos por el Hesperia unos escasos 10' después. Parece que el conductor tiene prisa.

Es mi primer viaje en bus sin ir pegada al teléfono y se me hace raro pero, con mi típico pragmatismo, me adapto al medio y me obligo a no pensar demasiado en ello.

oui je veux bien d'une vie de rien,
les nuits les jours entremellés
une vie sans l'ombre d'un destin,
une vie posée entre tes mains

El mp4 salta sin piedad de la música house a la española y de ésta a la francesa.

Bajo en plaza Universidad y espero un buen rato a que llegue el 50. Me saca de mi estado contemplativo una de esas viejecitas que de encantadoras tienen lo que yo de diplomática, sin querer fijarse en que llevo los auriculares puestos, preguntando si he visto pasar las dos líneas que supongo puede coger para llegar a su destino. Le respondo que no, que no he visto nada e intento volver a mi mundo particular, pero ella no se queda satisfecha y sigue hablando. Por qué me tomarán siempre por una oficina de información?! Decido ignorarla y al final se da por vencida.

De los cuatro que pasan por aquí, mi autobús es el que más tarda. Cual es mi sorpresa al ver que la pareja que había subido conmigo en Castelldefels (el del vino) y que ha bajado antes, también han cogido el mismo.

El recorrido es corto, así que dejo la libreta y me dedico a mirar por la ventana los coches que corren a nuestro lado, inventando historias sobre sus ocupantes o simplemente, concentrándome en las canciones que se van sucediendo.

...T'estimo, sí,
potser amb timidesa, potser sense saber-ne...

Me bajo en la parada de Valencia entre Nàpols y Sicilia, subo hasta la calle Mallorca y me encuentro con la Sagrada Familia, esa vieja amiga a la que he visto a diario durante muchos de los años que llevo vividos. Le he hecho una foto, me gusta de noche, con los cañones de luz blanca iluminándola.

Enciendo el portátil, me pongo el pijama y decido liarme un cigarrito aderezado con hierbas, aunque no sé si me he traido maría o menta, la verdad. Como le he dicho a Eva, mientras ayude a pasar la corta pero intensa noche, da lo mismo.

Se acabó el viaje, se acabó la música y se acabó el escrito.


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