martes, 19 de mayo de 2009

The good son



Imagináos una pareja divorciada con un único hijo al que le llueven ofertas publicitarias por lo fotogénico que es.

La madre intenta que la criatura tenga unas pautas y unos horarios, que lleve una vida más o menos "normal". Estudia con mucho cuidado los anuncios que le ofrecen protagonizar a su hijo porque es consciente de que para moverse en esos ámbitos es necesario vivir con los pies enterrados en el cemento, es un mundo duro y despiadado. No quiere que su hijo sea engullido por la vorágine, la misma que lo escupirá como un despojo cuando ya no le sea útil. Se esfuerza por compaginar trabajo y labores domésticas sin descuidar por ello las actividades infantiles, además de compartir las funciones de "agente" del niño.

El padre, mucho menos dado a conciliar tantas cosas, porque según qué actividades ya se encarga la madre de que se lleven a cabo y han acabado por convertirse en obligaciones de competencia materna, consiente a la criatura mientras le llena la cabeza de fantásticas ideas sobre protagonizar series televisivas, el salto a la gran pantalla y la alfombra roja de Hollywood. No es que no quiera a su hijo, pero se interesa más por los dividendos que le puede reportar una fama que piensa hacer suya y que le ayudará a pagar la hipoteca.

El niño, que aún es demasiado pequeño para darse cuenta de lo dañino y perjudicial que puede llegar a ser alimentarse únicamente de quimeras y espejismos, solo piensa en los autógrafos que va a firmar cuando sea famoso y en comprarse todos los juguetes que ve anunciados en televisión, sin entender que, lo que hoy está de moda, mañana caerá en el olvido. Tampoco considera si tiene o no habilidades para saltar del papel couché a la pantalla, está convencido de ello porque así se lo han hecho creer.

Adora a su padre y ve a su madre como la malvada madrastra que frena sus aspiraciones.

La sacrificada madre, viendo que todos sus esfuerzos caen en saco roto, acaba por ser un mero asistente más del espectáculo circense, y aunque en su bolso no faltarán pañuelos de papel para enjugar las lágrimas, tiritas para restañar las heridas y bonitas palabras de consuelo para su retoño, sabe que no dispone de red para amortiguar la caída, y que algunos golpes causan traumatismos que no se curan con facilidad. Pero seguirá ahí porque, a pesar de todo, sabe que el niño necesita un punto de anclaje a la realidad, será ella a quien le toque pasar las noches en vela y, en definitiva, porque es su hijo y le quiere más que a su propia vida.

Ups, no soy madre ni abnegada...

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10 comentarios:

Anónimo dijo...

has fumado algo?

Kaos dijo...

Aparte de lo que suelo fumar habitualmente, no. Y tampoco me he tomado opiáceos ni setas alucinógenas ni nada por el estilo. Simplemente he utilizado un recurso literario, la metáfora, para explicar una bonita historia.

Se entiende algo?

Anónimo dijo...

unaa bonita historia?

Kaos dijo...

Depende de cómo se mire. Todo es relativo...

Anónimo dijo...

Ok, relativa.
No cambias.

Kaos dijo...

Debería??

Anónimo dijo...

nunca

Kaos dijo...

Gracias, es un consuelo saber que a alguien le parece bien cómo soy.

ra dijo...

buñuelos de bacalo...

Kaos dijo...

soy buñuelos de bacalao o quieres que te haga buñuelos?