sábado, 8 de agosto de 2009

De una larga y amarga noche

Cuando vengo a despedirme, una sonrisa incrédula cruza tus ojos.
Me he despedido tantas veces, que siempre crees que he de volver;
y a decir verdad, yo también lo creo...
Porque los días de primavera siempre vuelven;
y la luna llena se despide y vuelve; y así lo hacen las flores a las ramas...
Si yo te digo adiós, ¿por qué no he de volver también?

Pero conserva por un momento la ilusión; ¡no la espantes con tanta rudeza!
Cuando te digo que me voy para siempre, créeme;
y que un velo de lágrimas ahonde tus ojos un instante.
Luego, cuando vuelva, ¡ríete de mí cuanto quieras!

1 comentario:

ra dijo...

La tormenta se acerca, deja que llegue y caiga sobre nosotros. Después de la tormenta llega la calma.
Besitos mi luz.