martes, 18 de agosto de 2009

Dni zatmeniya



Estar de vacaciones no significa necesariamente estar tranquilo.

Ser "madre" de nuevo te cambia los planes. Si, esos que tenía tan claros para la semana anterior, irme al camping, descansar, tomar el sol, leer, escribir... se fueron al garete al adoptar a Brètol, el nuevo miembro gatuno de la familia. No me arrepiento, el destino a veces decide por una, y la adaptación del enano tenía que ser completa, así que quedaron pospuestos.

Pero una letanía se repetía en mi cerebro -tengo que desaparecer, tengo que desaparecer... - porque he llegado a ese punto de inflexión en que, o salía de aquí o acabaría por cometer un homicidio sin más razón que el no gustarme el color de una camiseta o que me pidan algo sin el consiguiente "por favor".

Todo me sienta mal. Si me ignoran, me pongo furiosa; si me llaman, me agobio; mi estado anímico sigue pareciendo un péndulo, aunque cada vez son más las paradas en el apartado del enojo y la ira. Tanto que me descontrolo y me vuelvo peligrosa. En esos momentos, cuando me dejo dominar por la rabia, todo es de color rojo y yo soy un Miura al que no han anestesiado antes. Embisto a matar. Literalmente.

Así que sí, que me he ido, aunque mi plan de vacaciones haya variado y la paz tampoco sea la esperada.

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Mariposas magnéticas
mueren empachadas
estrellando sus alas
contra la pared
Dudas vendidas
en mercados de esclavos
trémulas palabras
que ya no serán
Islas de espectros
moradores de lagos
máquinas errantes
de la soledad
Flores distantes
de colores amargos
de sabores brillantes
de fauces abiertas
Andares pausados
adioses sin nombres
horas caducas
infinito desdén

Disonancias de una Lamia

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