sábado, 24 de octubre de 2009

Behind the Sun



El domingo fui a ver "Moon".

Es todo lo que se dice de ella y más. Un actor, Sam Rockwell, desarrollando dos papeles tan distintos que no crees posible que sea él. No tiene grandes efectos especiales, no es una película innovadora en cuanto a los clichés establecidos sobre la ciencia ficción, porque no deja de ser un astronauta viviendo en una base espacial. Pero lo que es ese astronauta, lo que sucede dentro de la base, eso sí es nuevo. Me habría gustado verla en v.o. para escuchar la voz de Kevin Spacey dando vida a Gerty, el ordenador de a bordo con sentimientos. Un 2001 trasladada al 2010 y con final emotivo. Duncan Jones es digno hijo de su padre.

Una copa en el Merbeyé y una buena compañía acabaron de redondear la noche.

He empezado las nuevas tareas como contable. De momento, el trabajo es rutinario y mecánico. Estoy deseando llegar a las llamadas para reclamar los cobros... Por otra parte, hemos acabado constatando todos que Sandra Vanessa era una completa inútil. Como dice Maite, con lo fácil que es grapar una factura con su correspondiente albarán y la petarda ni eso sabía hacer. Lo peor de sus errores garrafales es que nos ha tenido perdiendo nuestro precioso tiempo para solucionar su mala gestión administrativa.

Las lluvias torrenciales de esta han tenido sus consecuencias. No, no son las inundaciones en Jaén, los vientos huracanados en Madrid ni las riadas en Valencia. Que si, que serán importantes para los habitantes de esas ciudades, pero lo más importante para mi es el después de la tormenta.

El arcén de la Ronda del Litoral no es para pararse a tomar fotografías, porque a la que te descuidas, algún imbécil hablando por el móvil igual te embiste, así que no podré mostraros lo que han visto estos ojos, aunque sí os puedo intentar describir la imagen. Detrás de mi, un cielo tan oscuro que parecía de noche. Delante, el sol deslumbrante instantes antes de declinar. Y a mi lado, los depósitos del puerto de Barcelona iluminados por los últimos rayos solares, con lo que parecía que miles de watios estuvieran enfocándolos. Era deslumbrante.

El arcoiris perdiéndose en el mar

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A un lado las nubes, de rosa y azul, cargadas de tormenta

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Y delante, como promesa, como señal inequívoca de que todo pasa, el sol

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