viernes, 21 de octubre de 2011

Sauf le respect que je vous dois



He visto un dibujo que me ha gustado. No por el dibujo en sí, que no tiene nada de espectacular, sino por la frase que lo acompañaba.

"Si alguien te quiere, ellos no tienen que decirlo. Tú puedes decirlo por la forma en la que ellos te tratan"

Bonita frase. Y cierta.

Las palabras por sí solas únicamente son aire; algo que cuesta poco decir. Cuantas veces hemos escuchado a nuestro alrededor el famoso "te quiero"? Pero ese "te quiero" no es nada si no viene acompañado por los hechos. Y los hechos son que una persona que te quiere jamás intentará herirte de forma gratuíta, jamás intentará vengarse de tí, no te engañará, no te insultará, no utilizará palabras desagradables, porque cuando quieres a alguien sabes todo el daño que puedes causar y no aprovechas la ventaja.

Amar es perdonar y olvidar también, pero hasta cierto límite. No se puede perdonar todo o acabará siendo una sumisión. Aunque a veces tengamos que comernos el orgullo, jamás, jamás, permitamos que nos quiten la dignidad (esto me recuerda a Braveheart) 

Amar es confiar. Porque la confianza es la base de toda relación (incluso de las relaciones comerciales. Yo te pago y confío en que tú me envíes la mercancía). Si es bueno para los negocios, cómo no va a serlo para las parejas o los amigos? Si yo no confío en tí y tú no confías en mí, qué tenemos? Nada. Si prestamos más atención a cualquier cosa que diga o haga un tercero, qué significa? que no hay confianza, y creo que si no hay confianza, es que no me quieres lo suficiente. 

Amar es respetar. Respetar a quien amas es respetarte a ti mismo.

Amar es no mentir. 

Amar es mostrarle tus inseguridades y debilidades a otra persona, porque sabes que esa persona no va a reirse de ellas y tampoco las utilizará como arma arrojadiza.

Amar es comprender, es dialogar, es discutir hasta cierto punto, es no huir cuando las cosas están mal. Es aguantar el chaparrón y la tormenta, o lo que venga, aunque sea un tornado, un tsunami o el despertar de un volcán.

Cuando huyes, le estás dando al otro una muestra de cobardía. Quédate, lucha y soluciona las cosas. Pero no las guardes en el apartado del rencor o en el baúl de agravios comparativos para hacerlas aparecer en la próxima discusión. Cuando discutes, ponle fin a la discusión. Para siempre. No se puede mantener en la memoria todo lo malo que ha hecho el otro para recordárselo días o meses después.

Y no se trata de decir todo lo que se te pase por la mente y después, cuando ves que has herido a alguien, pedir perdón. Los maltratadores (tanto los físicos como los psicológicos) hacen eso. Maltratan y luego piden perdón. Mejor pensar antes de actuar, porque llega un momento en que pedir perdón no sirve. No se trata tampoco de no decir las cosas. Pero hay muchas formas de decirlas y no tiene porqué ser de la peor forma posible.

Repetid conmigo: RESPETO, CONFIANZA, DIALOGO.

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