domingo, 1 de enero de 2006

Inventario

Son las doce. Hora del Angelus.
No me gustan los años que terminan en número par. No es superstición, es que prefiero los impares, sencillamente. Por eso no sé cómo va a ir este. Al menos no es bisiesto, porque eso todavía es peor.
Voy a echarle un vistazo a este 2005 que terminó ayer. Siempre viene bien aprender de los errores cometidos. No es que quiera ser mejor persona, que también, pero está visto que la felicidad no está hecha para los buenos. Cuanto peor eres mejor te van las cosas, demostrado. Lástima que no den cursos de aprendizaje acelerado, aunque también puede ser que, por mucho que lo intentes, no lo consigas porque no está en tu naturaleza ser un mal bicho.
Bueno, a lo que iba.
Enero empezó de forma muy distinta a este año. El 15 y el 22 fueron fechas clave.
Febrero se torció. Me sentí defraudada por personas a las que quería mucho; pensé que las aguas volverían a su cauce pero desde entonces nada fue lo mismo. Fuí por primera vez a una concentración de motos y también celebramos un cumpleaños en Reus.
Marzo estuvo genial. Pude ver realizado uno de mis sueños: París. Disfruté de los mejores 5 días del año, casi no tuve tiempo de descansar y me tocó viajar a Albacete. Y por poco me vuelvo loca intentando organizar un viaje Tenerife-Barcelona-Calais para ver a los NIN.
En Abril me enamoré. Me sentí eufórica, pletórica, feliz. No sabía que era el principio de mi viaje a los infiernos...
Mayo pasó con más pena que gloria, unos días bien y muchos mal.
Junio vino y se fue con problemas laborales y del corazón
En Julio celebré mi cumpleaños con una costilla rota. Fueron días difíciles y me sentí muy sola.
Agosto siguió a Julio y no había nada nuevo en el horizonte.
En Septiembre tuvimos una boda. Pasé muchos nervios, tanto escribiendo el texto como leyéndolo delante de tanta gente.
Octubre fue un mes de cambios. Volví a Venecia después de muchos años y cambié de trabajo.
Noviembre me estresó física y mentalmente. Todo era nuevo, mi horario laboral era de más de 12 horas y estaba dedicada en cuerpo y alma a la persona que tenía a mi lado.
Y Diciembre... El 8 se auguraba un cambio para bien. El 9 se desbarató todo. A partir de ahí me dedico a mi vida laboral, social y familiar, que al menos esas siguen en pie.
Se han tambaleado los cimientos de mi existencia. He descubierto muchas cosas sobre mí misma que no sabía. Que tengo una gran dosis de paciencia, y puedo mantener una discusión sin apasionarme. Aprendí a ver las cosas desde muchos puntos de vista, y siempre tener opciones alternativas: de la A a la Z y unas cuantas más por si hiciera falta.
He echado de menos a un amigo muy querido que desapareció el año pasado. Y he descubierto que hay amigos que no lo son tanto y que a ciertas personas lo que les gusta es emponzoñar la cabeza de los demás.
Debo confesar que me siento mal cuando tengo un bajón anímico, llamo a mis amigos y estos prefieren irse a bailar que hacerme compañía, pero estoy aprendiendo a superarlo. Cada vez es más rápido aceptar que no puedes esperar nada de nadie, ni siquiera de la gente a la que más quieres. A fin de cuentas, los únicos que nunca me van a fallar son mis gatos, y sus expectativas de vida no son muy largas.
Me reafirmo en que no soporto la mentira, ni tan solo las piadosas, y tampoco tolero la infidelidad. NI A LOS EX. Como dice uno de los protagonistas de la película del viernes, cuando nos sentimos solos y desamparados preferimos mirar hacia atrás en vez de seguir adelante. Aferrarse al pasado.
Y el pasado es ahora, es todo lo que estoy escribiendo en este momento, que mañana será ya antiguo.

1 comentario:

Amanda, amante, amada dijo...

He leído tu post anterior, y sólo quería comentarte, por si te sirve de ayuda, que yo tengo a todo el mundo como "no admitido" para, cuando veo que se conectan, volver a admitirlos. No sé bien porque hago eso. Pero sé de más gente que lo hace también.
Un beso. Espero que este año sea al menos, algo mejor que el anterior.