lunes, 10 de abril de 2006

All I need is silence


Me habré vuelto adicta a las galletas de canela, o será que mi cuerpo se empecina en solicitar azucar porque no suelo darle esos caprichos. Antes unas aceitunas, o bombas picantes...

Pensándolo bien, estoy un poco harta. De qué? de las tonterías; de las excusas poco plausibles, de la desconfianza, de la impuntualidad, del ruido, de las discusiones vanas, de recibir órdenes, del aburrimiento, de la memez que corre por ahí, de las risas idiotas, de los cuentos con moraleja, de los que siempre tienen final feliz, de las historias absurdas, de la responsabilidad, de la autocompasión, del encono infundado, de la abstinencia, de las influencias, de la superstición y la superchería, de la aquiescencia, de lo innombrable, del dinero y de la alergia; de la insolidaridad, de la utopía y de la libertad. Tendrá límite el espacio del blog? Abreviaremos y diré que un poco de todo.

La buena noticia del día es que el jueves trabajaremos solo hasta el mediodía. La mala es que todavía quedan día y medio.

El aire olía a lluvia y a helado de fresa. Las nubes paseaban por el cielo lentas, remolonas. Quizá es eso lo que necesitamos, una tormenta que limpie el ambiente.

Cenicienta debía tener un pie ridículamente pequeño o escandalosamente grande para que, de entre todo el reino, únicamente a ella le calzara el zapato de cristal.

Hoy toca Dr. House y todo el mundo está pegado a la caja tonta. Qué bien!. Después de pasarme el día pegada al teléfono peleándome con facturas que no cuadran necesito emociones más fuertes.

No es un día gris, ni marrón, es negro, negro, negro.

Lo que ese señor hace tiene un nombre, y está penado por la ley. Pero nadie va a hacer nada, ni siquiera yo. Lo que sí tengo seguro es que no voy a aguantar mucho tiempo. Llegará el día en que mi paciencia, que parece tiene unos límites muy amplios, se acabará y saldrán por mi boca todos los sapos y culebras que llevo tiempo tragando. Quizá lo primero sea decirle que, si está rodeado de inútiles, el primero que debería aplicarse el cuento es él, ya que nos contrató; a mí personalmente después de dos horas de charla más o menos insustancial y sin mirar siquiera mi currículum. Hay quien aguanta haciendo el numerito del ataque, después te dedicas a criticar a diestro y siniestro al resto del personal, pones cara de cordero degollado y te quitan trabajo de encima, no sea que cojas una baja por depresión y eso no está bien visto. Los hay que tienen que ir a terapia; y el resto... pues a joderse, que para eso nos pagan. Cuando no tienes madera de actriz ya se sabe, o acatas y callas, o lías la de San Quintín y que salga el sol por Antequera. Será de esos a los que se tiene que tratar con psicología inversa? Es para pensarlo; quizá una dosis de su propia medicina sería el revulsivo...

Adoro el silencio. Hoy no he tenido ni valor para poner música.

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