miércoles, 29 de noviembre de 2006

Monster House

Una de las leyes de Murphy debe ser la de que, cuando piensas que has pasado un día estupendo, siempre hay alguien dispuesto a jodértelo.

A veces no sé ni porqué me esfuerzo. Estoy hasta la coronilla de absurdos comportamientos infantiles. Es insoportable cuando alguien se siente tan por encima de los demás que se cree con derecho a ir solucionándoles la vida. Y una de las muchas cosas que no soporto es que me digan qué tengo que hacer, como debo hacerlo y que encima piensen que han encontrado la panacea a mis problemas! Si no pido consejos, para qué dármelos? O es que estás en posesión de la verdad absoluta? Porque todo es relativo en esta vida y mi verdad puede no tener nada que ver con la tuya.
Llevarme la contraria por el mero placer de hacerlo tampoco ayuda a mantener una conversación coherente. Me subleva y los límites de mi soberana paciencia ahora mismo están a un nivel más bajo que el de los pantanos en verano.
Presuponerse por encima de mis lindos gatitos es otro error de bulto. Que nunca nadie me ponga en la tesitura de escoger entre ellos y un humano. La elección está clara.
Y lo que me faltaba, que pretendan castigarme. Si por decir lo que pienso se me cataloga como persona non grata, estupendo, significa que están muy poco acostumbrados a la franqueza y por tanto, se merecen vivir rodeados de lameculos. Me encanta esta gente que tiene distintos raseros para medir. Uno para ellos, a los que se les debe consentir cualquier cosa, por atroz que sea, y otro para los demás, que no pueden abrir la boca por temor a ser considerados leprosos. Va a ser que no. Ya desterré a mi encanto tóxico, ese que hace decir siempre lo más adecuado en cada ocasión para no ofender. Y cuando es una la que se siente ofendida lo dice y no esconde la cabeza bajo el ala, que para eso está el diálogo, del que siempre he sido abanderada.
Cómo diría Clint Eastwood en el papel que le hizo famoso: Alégrame el día... Un solo motivo y el Krakatoa, el huracán de Galveston y el peor tsunami pueden convertirse en meras anécdotas.
A mi ritmo - Ella baila sola

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