miércoles, 24 de enero de 2007

La delgada línea roja

"Era imperioso salir a la calle. Si se quedaba un minuto más encerrada en casa se volvería loca. Descolgó uno de los muchos abrigos que había en el perchero, se metió las llaves en el bolsillo y bajó las escaleras como tenía por costumbre, saltando. En cuanto abrió la puerta del vestíbulo la recibió una ráfaga de viento. Era una buena señal. Siempre lo había tenido por aliado. Cuando dejaba volar su imaginación se dejaba acunar por él, que la transportaba a lugares remotos, confiriéndole alas para llevarla en pos de sus sueños. Las hojas se arremolinaban formando pequeños huracanes, elevándose y volviendo a caer, en un ritual periódico, totalmente a merced del aire.
Empezó a pasear sin rumbo, dejando que los pensamientos guiaran los errantes pasos que daba. Se preguntaba por qué precisamente ahora. Por qué había vuelto después de los años. No habían dejado de mantener el contacto, era cierto, pero nunca hasta ahora la había sometido a ese tipo de acoso al que se sentía expuesta. Qué infeliz! Y qué poco oportuno! Afecto si, incluso cariño, pero tan distantes sentimientos no eran suficientes para lo que él pretendía conseguir.
Su deambular errático la llevó hasta el parque. Recordó que hacía pocas noches habían visto una rata de buen tamaño correteando impunemente entre los bancos. Por qué pensar en ello? A esa hora, con la luz del día y tanto perro suelto, no tenía de qué preocuparse. Tampoco es que la atormentara la visión del animal, le daba asco, eso era todo. Se interrogó acerca de su cita del viernes. Había hecho bien en aceptar? No sucedería nada que ella no quisiera, estaba segura de ello y, para no alargar más de lo necesario una velada que no sabría cómo dar por finalizada, podía alegar sin mentir, que el sábado había quedado pronto para desayunar.

Indiferente a lo que pudieran pensar los transeuntes que a esas horas desfilaban por delante, rumbo a sus quehaceres diarios, se sentó en un banco. Siempre había sido poco ortodoxa en su forma de tomar asiento. Lamentaba no haberse llevado el libro de notas, como tenía por costumbre, pero la prisa por huir del confinamiento era demasiado acuciante. Es que nunca dejaría de hacerse preguntas? A veces era realmente una tortura, tanto para ella como para el resto de la gente que la rodeaba. Si por un momento pudiera dejar la mente vacía de todo... Solo en contadas ocasiones lo había conseguido y, aún así, con verdadero esfuerzo. La película de ayer, sin ir más lejos, era una fuente constante de interrogaciones. No le había gustado, pese a estar dirigida por uno de sus directores preferidos. Por qué el asesino tenía que salirse con la suya por un golpe de suerte? En ese caso, la pelota de tennis, después de tocar la red, no debería haber caído en el lado opuesto? Se sonrió al pensar que, cuando al protagonista le pregunta su mujer en qué piensa, primero responde que en nada, pero rectifica al momento para contestar que en el trabajo. Un detalle brillante del guión porque, siendo realistas, casi nadie consigue no pensar en nada.
Las nubes hacían acto de presencia por encima de los árboles. Le recordaban a los autos de choque, intentando abalanzarse unas encima de otras para formar una maraña compacta, dispersándose poco después a causa del viento. Era hermoso contemplar la lucha de voluntades. También ella había establecido una guerra sin cuartel. La confundían las palabras obligadas por el tiempo, mal interpretadas podrían cambiar por completo los hechos. Todo principio es tan sumamente delicado... De continuar dejándose llevar por estos derroteros, terminaría desquiciada. Se rió de sí misma. Desquiciada no, mentalmente divergente. O quizá es que siempre lo había estado. Sería cierto que nos importa tanto lo que opinen los demás que no hacemos cosas que queremos hacer para que no sepan que queremos hacerlas?
Era hora de volver. El paseo solo había servido para generar más dudas. Y resonaba en su mente una voz repitiéndole que la batalla había finalizado y ya iba siendo hora de desmantelar las defensas. Una ardua tarea destruir el trabajo de años...
Pero, podría ser peor... ¡Podría llover!"
Lanterna dos Afogados - Gal Costa

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