viernes, 19 de enero de 2007

Mentiras arriesgadas

Cuéntame, ¿qué vas a inventar?
Esta vez no va a resultar
¿cuánto tiempo tiene que pasar?
¿A quién crees que puedes engañar?

Existe gente empecinada, no ya en ocultar datos, sino en engañar descaradamente. Lo divertido es que se les ve llegar a distancia. Lo triste es que pretenden que te creas esas burdas mentiras, aún a sabiendas de que tu detector personal tiene encendida la luz roja desde hace rato y la alarma suena sin parar. Pobrecitos. Método a aplicar? Si no te importan en absoluto, y está claro que alguien así no merece el más mínimo respeto, que vayan diciendo, que crean que te has tragado sus embustes, por muchas ganas que tengas de escupirles las múltiples contradicciones que has encontrado en sus épicas aventuras, sonríe por debajo de la nariz, alza la ceja y calla. Qué más da? Total, tampoco te vas a casar con ellos... Quizá en algún momento se cansen de tanto inventar. Mientras no dejes que te afecte, estará bien.

¿qué secreto quieres ocultar?
¿En qué cárcel lo vas a encerrar?

Quien más quien menos, tiene algún esqueleto en el armario. Los míos me pegan unos sustos de vez en cuando... Asoman sus falanges a través de la pared donde los tengo tapiados para saludarme y recordarme que, por muy escondidos que los tenga, siguen ahí. Ya puedo echarles toda la cal que quiera encima, que no consigo que desaparezcan.

No soy la única, ni la que peor lo llevo. Al menos pertenecen a un pasado lejano. Nunca podría ser reina, pero no me lo tendrían en cuenta para ser presidenta del país, porque cosas peores se han visto.

Si al final todo se sabe
y cada jaula tiene su llave...

Como dice la canción, al final todo se sabe. Y es peor la vergüenza que van a pasar que lo herido que se pueda sentir tu orgullo si no has dejado de dudar por un instante. Como acaba la historia? Tú te habrás divertido igual, pero ellos se van a sentir muy solos, porque ya se sabe, quien siembra engaños, recoge desconfianza.

Mírate, tienes que cambiar
deja de jugar, con la ambigüedad

Si no se aclaran, es su problema. Ni se te ocurra preguntarles qué esperan de tí, porque te encontrarás con una especie de cruce entre Pedro Reyes y Mariano Rajoy intentando explicar el debate sobre el estado de la nación, con lo que acabarás peor que un ovillo que haya pasado por las patas de un gato y, por si fuera poco, con dolor de cabeza. En su momento ya verás claro por donde van los tiros, eso sí, te propongan lo que te propongan, ejerce tu prerrogativa de jugar al despiste, muéstrate esquiva y, por descontado, no accedas, que siempre saldrás perdiendo.

Por la boca...

Love and Hapiness - Al Green

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