sábado, 27 de enero de 2007

París, Texas


Quand il me prend dans ses bras, Il me parle tout bas, Je vois la vie en rose... Lo que más deseaba era volver a París. Divisar las bombillas multicolor que alumbraban la orilla del Sena confiriéndole aspecto de verbena de barrio, sentarse a oscuras en les Innocents, soñar que el fantasma seguía en la opera y revivir mil historias sucedidas en la época en que lo más cool era cortar cabezas.

Se sucedían las fotografías mientras recordaba el nombre de cada lugar, retornándola quizá a los días más felices de su vida. Regresar para no volver...

Fugaces destellos luminosos, a los que no conseguía seguir más que unos pocos instantes cuando giraba la cabeza irrumpían en su visión para desaparecer de inmediato. Intuía que estaban allí por una razón concreta. Pequeños cometas portadores de buenas nuevas o, por el contrario, símbolo de malos augurios?

Había entrado cual tromba de agua incontrolable en su vida, tomándola por asalto sin hacer concesiones. A menudo se preguntaba a qué sabría su piel, cómo sería enredar los dedos en su pelo, aferrarlo con violencia hasta percibir su aliento y, justo entonces, trocar pasión por ternura para posar suavemente los labios en el pulso de su cuello. Sabía que no se conformaría con eso y, sin embargo, se había convertido en la única escena que se permitía imaginar. Le detestaba y deseaba con igual intensidad. Alzó la copa, brindó por él y la apuró de un trago.

Tan absorta estaba en sus pensamientos que la sobresaltó el sonido de la voz que, de pronto, emitían los altavoces del ordenador. Había sido conjurado. Acudía a la llamada. Con un rictus de escepticismo pintado en el rostro, se dispuso a escuchar otra sucesión de frases a las que no podría dar crédito.

...Alors je sens en moi
Mon cœur qui bat.


Where is armo - Ryuichi Sakamoto

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