sábado, 3 de febrero de 2007

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- Estoy esperando a mi príncipe azul
- Cariño, los príncipes azules destiñen.

Disparos certeros de norte a sur de la mesa, mientras el resto de comensales giraba la cabeza a uno u otro lado, como si estuvieran presenciando un partido de tenis. Era una de esas noches en que los reflejos parecían movidos por resortes automáticos.

- Por qué no puede existir la Santa Inquisición?
- Porque, si así fuera, ya habrían intentado quemar a las presentes.

Solo de vuelta a casa relató el extraño suceso ocurrido con el móvil. El día anterior se había quedado sin batería y, al cambiar las tarjetas de terminal, apareció un mensaje. Se le desencajó la cara al leer quién era el remitente. Cuando estaba a punto de responder preguntando a santo de qué volvía a ponerse en contacto con ella, se percató del error. Suspiró de alivio al pensar en la locura que había estado a punto de cometer.

- Cuando convocas al diablo, cómo lo despides?
- Como al resto de los hombres: - Vete, que quiero dormir sola -
Percibía cómo se acercaba el momento crítico. Cada día se sentía un poco más artista circense. Funambulista, cuidando no dar un paso en falso sobre el fino cable que cruzaba la carpa; malabarista, poniendo atención a que todos los objetos se mantuvieran en el aire; trapecista, a punto de saltar sin saber si la sostendrían unas manos o, por el contrario, caería al vacío...
Quizá haría bien en escuchar los consejos que le habían ofrecido de forma totalmente altruista. Tal vez tenían razón y la calma no era sino el preludio de la tormenta que se avecinaba.
Yo no te pido que me bajes
una estrella azul...
Yo no te pido, que me firmes
diez papeles grises para amar...
Sigue llenando este minuto
de razones para respirar...
In demand - Texas
Pd: Que me traigan un Alan Rickman ya!!

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