jueves, 21 de junio de 2007

Noches de sol

Pasábamos con Laura y David por delante de la estación de Francia cuando mis ojos recibieron el impacto visual. Era él!!! El hombre cono!!!



Me gustan esos malvados conos; bien, no solo ellos, también cualquier ser humano caústico.

Estoy destemplada. Es el efecto de una prolongada exposición a los benéficos rayos solares, que en demasía pueden provocar este tipo de alteraciones. Unas cuantas sesiones más y el rojo gamba se convertirá en un precioso dorado.

Cambios a la carta, o como mudar de piel como las serpientes, dependiendo de lo que más convenga. Algunos no tienen palabra. Otros ni dignidad, ni orgullo, ni respeto por sí mismos. El viernes me contaron una historia tan enrevesada que me hizo desear con todas mis fuerzas tener el don de la escritura. Un thriller tipo "Atracción fatal" pero real como la vida misma. Y que viene a confirmar mi credo de que a la mitad de los hombres les falta un hervor y a la otra mitad les sobra; total, que en su justo punto, ninguno.

Puede que yo sea demasiado radical tomando decisiones, pero al menos no voy modificando mis principios a tenor del viento que sople.

Últimamente ando algo desconcertada. Creo reconocer a la mayor parte de las personas con las que me cruzo por la calle, cuando sé que no las he visto en mi vida. Y pasan cosas raras. Será que llega la noche con más carga mágica del año.
Aunque mis hormonas no se han revolucionado.

Por qué será que cuando vas andando con alguien, al hablar, se paran? Es que no saben coordinar esas dos acciones al mismo tiempo?

No me hagáis mucho caso. El sol también reblandece las neuronas y me da por buscar anuncios de conos malos.








Sensei, necesito una señal. Es posible?


Hablando de malignos, musiquita sugerente con pérfida serpiente incluída.

1 comentario:

salm__ dijo...

q razon tienes. muy bueno lo dl viento y tb lo d la coordinacion.