jueves, 20 de diciembre de 2007

Lucky numbers



El recambio del calendario de sobremesa de Myrga es uno de los pocos que tiene en cuenta que el 25 de diciembre, además de ser la natividad y bla, bla, bla, es mi santo. Evidentemente no pone santa Kaos, ni cualquiera de los otros nombres por los que se me conoce (tengo tantos que llegará el día en que no sabré quién soy), sino el real, el de la primera tocaya.
Y como internet es un profundo pozo de sapiencia, buscando buscando, he hallado la historia:

A saber la de mujeres que, a lo largo de los siglos, han tenido que simular ser hombres para lograr un justificado fin. Santa Eugenia debió ser la primera y sus vivencias dan para un serial, ya que despertaba amores imposibles y de nada le servían los hábitos. Todo comienza en la adolescencia, cuando su padre Felipe (senador romano), accede a que vaya a la escuela de Alejandría, pero acompañada por dos criados eunucos. Eugenia se convirtió al crisrianismo leyendo epístolas paulinas y decidió ingresar en un monasterio sin que su familia lo supiese; a los eunucos Proto y Jacinto, los convenció para que la siguieran en el bautismo y en el convento. Con la cabeza rapada y vistiendo como ellos, se adentraron en la vida monástica, aunque el abad Heleno siempre dudó sobre el sexo del delicado monje. La cuestión es que Eugenia, entregada a la oración, al ayuno y a socorrer a cuantos la necesitaban, al morir el abad fue elegida por la comunidad para ocupar su cargo, pues a todos deleitaba ver un rostro tan perfecto al que no le crecía la barba. Místicamente estaban prendados de su abad y de Proto y Jacinto con sus voces aflautadas de ángeles perdidos. La fama del sabio abad se extendió rápidament y llegó al monasterio la matrona Melancia en busca de curación para su eterna melancolía que no le permitía ni comer ni dormir. A Melancia, claro, le faltaba enamorarse y apenas vio al abad sintió una arrebatada pasión, y se la confesó, pero la negativa fue tan rotunda, que planeó una venganza. Se fue al senador con la acusación de que el monje había intentado violarla. Recordemos que el senador era el padre y que los genes son los genes y apenas vio a Eugenia disfrazada, exclamó la visceral frase: ¡Hija mía! para abrazarla. Ella le contó toda la historia de tal modo que el padre y la madre (como había sucedido con los eunucos), se convirtieron al cristianismo y todos huyeron a Roma. Allí, el prefecto Nicencio también se enamoró de Eugenia (que ya vestía de mujer) y como lo mandó a paseo, terminó siendo degollada por un esbirro después de ser sometida a tortura.

En realidad no está considerada como santa, sino como virgen y mártir; eeehhh, si, ejem, más o menos como yo. Una historia contada de forma poco convencional, pero al menos me ha iluminado y ahora ya sé porqué el cura obligó a mis padres a poner el María delante.

A muy poca gente le está permitido llamarme por el nombre con que me bautizaron. Mi madre cuando se enfada, mi tío, que no acepta los diminutivos; Eva, cuando quiere tocarme los bemoles... pero ella no cuenta, ya que me tiñe, me corta el pelo, me teje una braga para el cuello en menos tiempo del que se tarda en estornudar y por si fuera poco, una bonita funda para mis utensilios de fumadora. Creo que nadie más puede utilizar mi verdadero nombre sin que de mis ojos salgan disparados rayos mortíferos acompañados por sonidos guturales que podrían confundirse perfectamente con rugidos leoninos.

Por cierto, ayer fue su santo, y aunque en su fotolog dice que solo se acordaron sus padres y su hermana, no es cierto, porque yo si la felicité (que conste en acta).

Acordarse de cumpleaños y santos es una práctica que se me pegó de mi abuela, que tenía una memoria elefantina para las fechas. Yo soy igual de detallista pero algo más práctica: utilizo una agenda que actualizo cada año, así mi cerebro tiene espacio para otro tipo de datos. Los números no se me dan bien, prefiero almacenar momentos, sin año, sin día y sin hora.

Hablando de números, soñé con un 5 pero me enamoré de un 9. En unas horas sabré si estoy en lo cierto.



2 comentarios:

Gattaca dijo...

Cierto, cierto, cierto... Te acordaste de mi santo como cada año, la verdad es q escribí en mi fotolog antes de tu felicitación q no dudé en ningún momento q tarde o temprano llegaría, fue solo una manera de gritar q era mi santo, lo se, suena infantil, pero mas infantil es ponerle bolitas a un árbol y nadie dice nada...
En cuanto a lo de tu nombre es cierto q lo digo entero cuando por una razón u otra me apetece tocarte los bemoles, un placer tan antiguo como nuestra amistad, y en vista de q esas cosillas q te hago cuando vienes a mi casa te van gustando me tomaré la libertad de no dejar de tocarte lo bemoles cuando me apetezca.

Kaos dijo...

te lo permito porque eres tu