dilluns, 24 de desembre del 2007

A moment to remember



Estaba lloviendo... , pero aunque la canción de Kiko Veneno también empieza así, yo no me mojé ni me fui a esconder, aunque debería haberlo hecho. Mojarme no, por supuesto; esconderme, o al menos meter la cabeza bajo el ala y no volver a sacarla hasta que vuelva a instaurarse la cordura en mis pensamientos.

El viernes cena de empresa en La Dentellière. Sumarroca Muscat y Torres Atrium para los platos. Chupitos en el Hook. Mojitos en el Born y charla extraoficial en el Barcelona Pipa Club paladeando mi Bombay Saphire. Final de fiesta? 7 de la mañana.

El sábado me llamó Carol. A pesar de no querer salir porque mi cabeza loca está experimentando una vorágine de percepciones que será preciso erradicar de raíz, metí las dudas en el armario de los enseres inútiles y me dispuse a pasármelo bien. Cenamos en el Miranda. Espectáculo de Drags que goza de dos momentos estelares según mi opinión: las acrobacias. Si el trapecio estuvo bien, el gran dominio que tiene el muchacho con las cortinas, convirtiendo algo habitual como es un ejercicio gimnástico en toda una exhibición de potencia muscular no exenta de sensualidad, te llevaba a plantearte cuestiones con más de dos rombos nada apropiadas para que consten por escrito. Solo puedo decir -Uffff!!!-

Ayer partido. Ni conjurando a todos los santos apóstoles podría haber cambiado el pésimo encuentro que disputó el equipo. Dios! como añoré a Messi.

Quiero pensar que me equivoqué. Que el chispazo del primer día no fue más que electricidad estática. Que la familiaridad es debida a la inexperiencia. Que lo que percibo forma parte de una personalidad indivisible. Que reparte por igual las atenciones. Quiero creer eso. Intento convencerme de que así es, porque si dicotomizo los hechos y la suma de todos ellos no da cuatro como resultado de dos más dos, me generará una disyuntiva emocional que no puedo afrontar con el debido raciocinio. No pienso en moralidad ni ética, eso está fuera de toda duda. Porque quiero, no debo.