miércoles, 5 de diciembre de 2007

Nightmare before Christmas

Mis padres viven muy cerca de la Sagrada Familia. La plaza que ostenta el mismo nombre es uno de los puntos donde en estas fechas se venden abetos, pesebres y toda clase de ornamentos para que el espíritu navideño se vea reflejado en nuestros hogares. En esa plaza, durante doce horas al día, 7 días a la semana, desde el 1 al 23 de diciembre solo pueden escucharse villancicos . Después de tantos años, mis oídos han desarrollado un mecanismo automático que les hace desconectar cuando detectan cierto tipo de sonidos. Lo mismo pasaba cuando me llevaban a bares heviatas.



Cada año me parece menos festivo. Ahora ya ni me fijo en las luces azules que brillan en los árboles de Diagonal Mar. Un año más, en mi casa no existirá constancia de esta época. Es mi respetable opción, como respeto que el resto del mundo quiera celebrarlo. Por qué nos llaman amargados a los que no nos gusta la navidad? Qué sabrán ellos de los motivos que podamos tener! Para que siga argüyendo pretextos y no se rompa la tradición, justo ahora se dan una serie de hechos desafortunados en mi vida. Cómo voy a querer celebrar nada si lo único que me apetece es cabrearme y llorar?. Eso si, los canelones estarán perfectamente preparados para el día 26.

La verdad es que me gustaría emocionarme, sentir como el espíritu festivo me embarga, cantar algo tan absurdo como que los peces beben y beben y vuelven a beber (no les sentará mal tanta agua?), desear feliz navidad con una sonrisa sincera, no por cumplir con lo que se espera, y no estar contando los días que faltan para el 7 de enero y la vuelta a la cotidianedad.



Mi paz interior es tan frágil como los cristales de hielo pintados en los escaparates de los comercios. Quiero sentarme en un regazo y que me acunen mientras escondo la cabeza, porque fuera hay un animal peligroso acechando que se llama mundo.

Es posible que, al igual que Jack, viva en un lugar en el que las calles están pobladas por brujas y vampiros. Es posible que en mi mundo los fantasmas y pesadillas estén reunidos bajo la cama para asustar a la gente mientras duerme. Es posible que tenga que inventar un mundo paralelo donde la ciudad de la navidad cobre forma, para que mis regalos navideños dejen de ser tristezas y alguien quiera besarme bajo el muérdago.


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