lunes, 28 de enero de 2008

La fuerza del viento



Una vez superado el arrebato, vuelvo a mi últimamente habitual estado flemático. No es que esté haciendo oposiciones a la canonización, que ni me veo con aureola y manto celeste ni soy dada a que vengan a pedirme imposibles, para eso tendrían que pedir por sufragio universal que fabriquen guantes de amianto de mi talla o ya pueden ir sacándose las castañas del fuego solitos.

A veces, cuando ves la piedra, ya es demasiado tarde para esquivarla y acabas en urgencias con unos cuantos puntos de sutura y una cicatriz de por vida. Me refiero a las personas que empecinadas en construirse la casa junto al lago, están talando todos los árboles que le brindaban protección ante la tormenta. Y cuando ésta llegue, que llegará, es muy probable que la crecida del agua deje tan bonito paisaje convertido en un guiñapo. No me entendéis, verdad? Normal, tanta metáfora despista a cualquiera. Pero yo sé qué quiero decir. Otra metáfora: un dique de contención. La presión constante y cada vez mayor te obliga a abrir compuertas y dejar que el cauce fluya sin trabas. Se obtiene la misma conclusión: lugar paradisiaco transformado en birria.

En el botiquín ya no quedan pomadas, bálsamos o ungüentos para contrarrestar las quemaduras.

Así pues, que se desaten los elementos...

1 comentario:

Gattaca dijo...

No se yo si será prudente q se desaten los elementos... el desastre puede ser caótico!
Ya sabes la fuerza q tiene la furia del agua, del fuego, del viento... En fin, la furia en general.
Dejemos ese paisaje como está aunque sea de plástico, aunque no sea natural y sea destructivo.

Hoy va de metáforas no?¿ Pues sea!