sábado, 2 de febrero de 2008

The master of disguise


En uno de mis diarios paseos virtuales, descubro un blog con ayudas de todo tipo para mantener el mío en condiciones. Pero debo ser muy inepta para el lenguaje html porque pese a todas las instrucciones que me dan, no hay forma de conseguir que lo que yo quiero cambie. Quizá porque las instrucciones a seguir no concuerdan para nada con la plantilla que estoy utilizando. Creo que escogí algo demasiado minimalista. En fin, que mejor dejar las cosas como están, no sea que desaparezcan de un plumazo los escritos de dos años y el shock sea permanente.

Dentro de este blog también asesoran sobre como darte a conocer, y uno de sus consejos es que te vayas pasando por otros blogs a dejar comentarios. Con los míos, que son bastante lapidarios en ocasiones, lo único que conseguiría es que la mayor parte de la comunidad bloggera le pusiera precio a mi cabeza. Además, qué haces si alguien deja en tu blog un comentario agradable y cuando devuelves la visita el suyo te parece una sandez, ordinariez o bobería supina? Mientes? No, que atenta contra tus principios. Das tu sincera opinión? Tampoco, no es cuestión de ir haciendo amigos... Y la diplomacia ya sabéis que no se me da nada bien. Así pues, solo dejo comentarios en blogs conocidos o callo mi parecer.

Estamos en carnaval, la semana perfecta para que los horteras recalcitrantes y los esperpentos habituales no desentonen del resto.

Recuerdo disfraces de épocas infantiles. De hada, con cara de clavarle la varita en un ojo al primero que pidiera un deseo; de reina, donde ya apuntaba maneras de mandona; el paso a la adolescencia estuvo marcado por el anonimato: Pierrot, con máscara incluída y sin hablar en toda la noche (una tortura), miembro del ku klux klan (aunque la versión para las monjas fue que iba disfrazada de cófrade), espantapájaros, cruce entre el perro del guggenheim y micky mouse... La última vez fue hace ya unos cuantos años, recién separada, cuando me camuflé de vampira; entre las transparencias que se adivinaban por debajo de la capa y la inestimable colaboración de "Fantasme" de Ted Lapidus esa noche le hinqué los colmillos a un buen número de cretinos. Pero eran otros tiempos. Ahora, si me preguntan de qué me caracterizaría, pienso en cactus, que es lo que más se adecua a mi forma de ser. Eso, una medusa cofre, un pez piedra o un caracol de concha marmórea.

Voy rauda a confeccionarme el atavío...



1 comentario:

Blanca dijo...

Bueno, tampoco es para tanto, lo del cactus.
A mi personalmente no me van los disfraces, es que no se me da demasiado bien cambiar la vestimenta, como soléis decirme antes muerta que sencilla.....Total que si digo algo, que creo que no estoy diciendo nada, es por el video que as puesto... en su día hice de chica de video clip y me lo pase muy bien a mis 14 añitos haciendo de prota de este video....a mi ni dios me ponía de monstruo...YO, de la chica
Odio los disfraces aunque la mitad del tiempo tenga que llevar uno
Ptons