domingo, 3 de febrero de 2008

Las dos caras de la verdad



Solicitar que ponga por escrito lo que opino sobre alguien y que además lo publique es casi peor que obligarme a quedarme en ropa interior delante de todo el colectivo de la construcción. Esto si es crueldad y lo demás son historias.

Primero la cal y después la arena? Arena primero y cal después? según reza el refrán, una de cal y una de arena hacen la mezcla buena, así que supuestamente es necesario tanto lo bueno como lo malo, aunque a veces se diluya la línea divisoria.

Llamémosle sr. X

El sr. X sabe que yo sé y aún sabiendo eso me exige un esfuerzo que sobrepasa con creces todas mis posibilidades.

Se coló en mi fiesta de forma escandalosa. Porque es tenaz, y si se le mete algo en la mollera, aunque no le hayas mandado invitación, se las ingeniará para sorprenderte justo cuando estás intentando digerir tanto canapé, tentándote con pasar directamente a los postres pero, a poco que te descuides, no tendrás más remedio que admitir que se ha convertido en el plato fuerte (dejándote tan ahíta que prefieres sin dilación copa y puro).

A veces me recuerda una gominola de las de colorines que llevan en su interior algo ácido. Si lo pienso bien no sé dónde pondría la capa dulce, tengo mis dudas sobre dentro o fuera, supongo que depende del día.

Hay momentos en que su franqueza es apabullante. El día que me tumbe en un diván seguro que sale el desdoblamiento que me provocó. No sé si soy tenazas, martillo o llave inglesa; nunca me lo ha dejado claro; de lo que sí estoy convencida es de que él debe ser un kit completo.

Me lo imagino como Arlequín. Cada rombo de su traje una faceta distinta, todos ensamblados para que el contraste sea vistoso.

Su manía de vestirse ante el ordenador ha sido un generador de sonrisas.

El sr. X está acostumbrado a salirse siempre con la suya. Y a tomar decisiones (creo que viene con el pack de responsabilidades) por lo que, si le cuentas alguno de los problemas que pueblan tus sueños, su reacción inicial será decirte lo que tienes que hacer y cómo debes hacerlo. Primero notas como te sube desde el páncreas la bilis, porque tu no quieres soluciones, que ya te bastas y te sobras solita para resolver tus asuntos personales, pero si te paras a contar hasta diez te das cuenta que no lo hace a propósito, simplemente es deformación profesional mezclada con cierto afan de caballero de brillante armadura al rescate.

Si lo comparo con una anguila seguro que tuerce el gesto, así que mejor le busco otro símil animal. Una anaconda estaría bien. Escurridizo y misterioso.

El sr. X no acepta con mucha deportividad las críticas y no le conmueven retos ni súplicas. Se mantiene más firme que el peñón de Gibraltar, por muchos esfuerzos que hagas y por muchas explicaciones que des. Resulta enervante que no den resultado ni las razones más plausibles ni la psicología inversa.

Podría decir que no cumple lo que promete. Primero fue un viaje, después unos días de vacaciones, luego un mísero café...

Le gusta jugar a ponerle el cascabel al gato; siempre se pide el papel de minino y así, como si con él no fuera la cosa, se merienda unos cuantos ratones con la excusa del juego.

Es tan hermético, tan celoso de su intimidad que ni con toda la tecnología espia proporcionada por Q podrás sacar un ápice de información. Aún no sé seguro el día de su cumpleaños... Siempre he creído que me oculta algo. No por lo que cuenta, sino por lo que calla. Probablemente no tendrá la menor importancia, pero a veces peca de mirarse demasiado el ombligo.

Si le aburres, despídete de él. Si le agobias, también. Acabas sintiéndote marioneta en la cuerda, con un paraguas de colores para mantener el contrapeso justo. Prefiero eso a foca amaestrada manteniendo en equilibrio la pelota en el hocico.

El sr. X puede llegar a ser encantador de serpientes si se lo propone. De hecho, creo que puede llegar a ser lo que le dicte su magín.

Su energía te abduce. Unas veces maremoto, otras volcán, siempre te incita a más, a superarte. Es como un hada madrina psicológica.

Le va robando minutos a tu vida mientras te abruma, te exaspera, te provoca y te adula por igual. Una mezcla altamente nociva, porque cuando ya se ha convertido en adicción, desaparece de pronto y no encuentras antídoto que pueda curar la nostalgia que provoca su ausencia.

Podría emular a Sherezade y estar mil y un días con sus respectivas noches cantando sus virtudes y defectos, aunque creo que el objetivo está más que cumplido.

Sr. X, siempre le quedará una deuda por satisfacer: Un Jack Daniels y una canción.

I miss you. I love you.

2 comentarios:

Gattaca dijo...

Suena bien ese tal Sr. X, seguro q esta satisfecho con lo q dices de él.

Blanca dijo...

Cuando quiera que alguien diga algo de mi.....seras tú quien lo diga.
Ptons