viernes, 12 de diciembre de 2008

Uno de los nuestros

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Errr, ummmm... sí, creo recordar algo de un evento un sábado por la mañana.

10:30 Debajo de la torre Mapfre. Se había pasado la noche lloviendo y la mañana no auguraba la salida del sol. Llegué hecha un adefesio porque el chubasquero, las capas y más capas de ropa para no acabar de estalagmita en el arcén de la C-32 y el casco planchando la vaporosa melena no ayudaban nada, pero es lo que había y tendría que servir.

La primera persona que me salió al paso fue la madre de un personaje del cual no quiero acordarme, pero me alegré tanto al verla tan pizpireta y dadivosa que casi me ofusco y hago un comentario procaz sobre mi infausta relación con su primogénito. Con un patrón de comportamiento completamente opuesto a lo que suele ser habitual en mí, y que muchos catalogarían de "sociable" , me presenté yo solita a la tercera persona que conformaba el grupo de acompañantes de Eva para presenciar la entrega de diplomas.

Nos estábamos poniendo al día en familia, sociedad y habladurías varias cuando apareció la prota del evento para llevarnos a recepción, donde nos entregaron los pases que nos permitirían deambular más o menos a nuestras anchas por las instalaciones de uno de los símbolos de la ciudad.

Sin más dilación, subimos a un ascensor que aceleró de 0 a 34 en casi lo mismo que se tarda en parpadear y sin sensación de vacío estomacal matutino, aunque quizá habría sido diferente si una vez arriba nos hubiesen dejado caer a peso. Aún estoy celebrando que los patrocinadores del evento no albergaran ideas tan malvadas como las mías.

Pese al temporal, pese a que todos los acompañantes se apelotonaron en las ventanas para disfrutar de un paisaje poco frecuente y pese a mi cámara, que se empeña en ser lenta para hacerme rabiar, he aquí las vistas desde la planta 34 de la torre Mapfre.



Con un día soleado habría sido espectacular, pero soy de las que piensan que la lluvia tiene su encanto, siempre y cuando no abuse de mi paciencia.



Sin echarle demasiada imaginación, se podría creer que es una maqueta. Desde allí arriba te sientes importante, mires donde mires lo ves pequeño.



En lontananza, las horripilantes chimeneas que los vecinos se han empeñado en mantener en pie.



Primero la devoción y luego la obligación. Así es como se motiva a la gente para que aguante estoicamente los discursos.

La verdad es que no fue para nada tedioso. Una breve (y realmente fue breve) presentación por parte del subgerente de la compañía (que, por cierto, está de muy buen ver), dió paso a la entrega de diplomas a la nueva hornada de comerciales.





La ley de Murphy dice: si pretendes fotografiar el momento en el que le dan el diploma a tu amiga, o te habrás colocado en el lugar menos estratégico o se lo entregará el que esté ubicado en el ángulo más difícil. Maldito Murphy!



Pero después me vengué de él, y la hice "posar" con cara de niña buena con su recién estrenado título...



...Y en el aula donde consiguieron mantenerla encerrada durante semanas. Porque es una santa y se deja fotografiar, si hubiera estado en su lugar habría mandado al fotógrafo (o sea, yo) a pastar hierba hacía rato.




Faltó la toga y que lanzaran el birrete al aire al finalizar, aunque algunos no pasarían por universitarios ni después de una ingesta masiva de alcohol.

Hubo quien se quejó (cretinos haylos por doquier) por tener que esperar unos minutos más escuchando poesía para salir a lanzarse con la misma fruición con que las pirañas se zamparían un trozo de carne, a atacar el aperitivo con el que nos obsequiaron. La cabra tira al monte, o de tal palo tal astilla, porque la parienta a la que acompañaban esta familia de mentecatos, cuando entramos en la sala, se había dedicado a cambiar los letreros que los organizadores habían pegado a las sillas con los nombres de los asistentes, para poder sentarse entre sus amiguitos, como si asistiera todavía a párvulos.

El evento finalizó como había empezado, con lluvia, y los fumadores resguardándonos bajo la marquesina de la torre, que los vicios aprietan aunque no ahogan y las vistas, por maravillosas que sean desde tan magna altura, siempre resultan mejores cuando las recuerdas a ras de suelo.





Discover David Byrne!

3 comentarios:

Gattaca dijo...

Los hay frikis desde luego, vaya amigas te buscas tú querida!

Kaos dijo...

Gente tan encantadora como tu, estimada...

No estuvo tan mal, no fue pesado ni aburrido, me diste la oportunidad de estar a muchos metros del suelo (con lo que a mi me gustan las alturas) y también tuve ocasión de observar a mis congéneres, que son realmente dignos de estudio. Qué más se puede desear?

Josep dijo...

Sempre he tingut la sensació que no sé estar en actes oficials. Que en qualsevol moment ficaré la gamba.