martes, 24 de marzo de 2009

Trapeze

Ir a comprar ropa es una de las actividades más cansadas que existen. Y si vas sola de tiendas, todavía peor.

Quítate zapatos y pantalones o lo que sea que vistas, para ver cómo te sienta lo que te has llevado a los probadores. Normalmente solo te permiten entrar una cantidad máxima de prendas, por aquello de que no te las lleves puestas debajo, por lo que te sientes tremendamente limitada.

Si por casualidad no has escogido bien la talla y necesitas otra mayor o menor, vuelve a vestirte para salir a buscarla. Otra vez al probador y a desnudarte... Y así sucesivamente hasta que encuentres todo lo que te quieras llevar. Cuantas veces tendrás que sacarte y ponerte los trapitos? Ya no digamos si el lugar es tipo H&M o CiA, donde la ropa interior puede quedarte a kilómetros de los jerseys o las faldas. Acaba dándote pereza comprarte nada.

Por suerte, yo uso Miletto, una cadena de tiendas pequeñísimas, donde cuesta hasta andar por lo cerca que está todo y la pieza más cara te sale por unos 15€ (no quiero ni pensar en si tendrán a los chinitos cosiendo a destajo en un almacén subterráneo para no sentirme demasiado culpable).

Como la crisis no hace distinciones, por baratos que sean, también la notan. Así que, cuando ayer por la tarde entré en la tienda, en lugar de encontrármela como siempre, lo que significa que tengo que ir dándome de codazos con todas las marujas del barrio, estaba vacía. Oh, la la! y la dependienta con muchas ganas de vender. Por una vez puedo decir que me lo pasé estupendamente, dentro de mi aversión normal a ir de tiendas, probándome de todo, mientras la amable chica me iba trayendo pantalones, blusas y camisetas, y servidora, lo único que tenía que hacer era quedarse dentro del probador e ir poniéndose una cosa tras otra dilucidando qué me gustaba, llevándome al final 8 piezas de ropa por 70€ (os ponéis verdes de envidia? visitad la tienda!)

Para qué necesito tanto fondo de armario? En previsión del viaje que pienso realizar dentro de un més aproximadamente. Volveré a mi querida Francia, esta vez para visitar lo que pueda de las puertas templarias. Con el coche y la tienda apalabrados, solo queda por definir la ruta a seguir y dónde acamparemos.

Hoy es uno de esos días marrones más que grises. El gris es soportable, el marrón no. Volviendo hacia casa veía el ocaso y me preguntaba qué prefiero, si el amanecer, con sus tonos azul pastel o el atardecer de violáceos y rojos. Quizá celebre más la llegada del nuevo día, la calidez del sol, el silencio de la madrugada.

Mientras tomaba el café con leche en el bar de siempre (me ponen galletitas de canela para acompañar la bebida), no he podido evitar mirar hacia el televisor (que tienen puesto desde que abren hasta que cierran el local, a veces para sordos); habían sintonizado la mtv española y el videoclip que se emitía me ha llamado la atención por lo azul. Con lo obsesiva que es una, no he tardado casi nada en buscarlo y la letra, aunque puede no tener ni pies ni cabeza, ha sido como metralla en mi cabeza.

...Cierra la puerta y sal,
de esta campana de cristal...
Algo que está dentro de mí
me arrastra y me quiere sumergir,
tarde o temprano iré
justo al lugar donde empecé
a darme cuenta del dolor.
Quiero ver el fondo del mar,
en una mancha solar
perderme y desaparecer,
dormir entre nubes de algodón
detrás del sol.
Y ahora que sé que no seré
todo lo que una vez soñé,
no hay alguien especial
a este lado del cristal
sólo un reflejo sin color.

Os dejo el link


Mientras veía ponerse el sol, que corría más que mi moto y yo, me he acordado de otra canción, ésta de mis tiempos mozos, y es la que he ido tarareando durante la mayor parte del camino de vuelta. Es increíble como, por mucho tiempo que pueda pasar, nos acordamos de las más triviales nimiedades, como las letras de todas las canciones que han acompañado nuestra adolescencia...



Te amo,
y ahora perdoname...
solo recuerdame...
te amo, te amo, te amo, te amo...

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