lunes, 20 de abril de 2009

Las Puertas Templarias - I

El domingo, a las 16h, cuando ya faltaban muy pocas horas para emprender la salida, recibo una llamada telefónica. Era "él". El que a falta de tres días no tenía que venir. Había cambiado de opinión y dijo algo como que pretendía encontrar la iluminación por el camino... (está p'allá pero de verdad). Aunque ninguna de mis amigas hubiera perdonado semejante actitud, servidora, que tiene más paciencia que Job, le perdonó y quedó en recogerle a las 21h (mientras hacía de dj en el teatro donde el Esbart presentaba su 60º festival, iba mirando el móvil por si acaso volvía a "oscurecerse"). Pero no, esta vez estaba donde tenía que estar, a su hora y con tanta ropa como para pasar el invierno, el verano y la primavera siguiente. Así que nos fuimos a mi casa a ultimar los preparativos y a intentar descansar un par de horas, ya que seguía teniendo en mente realizar de un tirón la primera etapa del viaje.

Y allá que nos fuimos, con la primera parada en La Jonquera, donde tenían puesta la televisión y tuvimos que sufrir un concurso de esos en los que nunca llama nadie, y menos a las 3 de la madrugada, para adivinar dos frutas que no contuvieran la letra A (no valen los típicos, que ya habían salido). No me pidáis que os diga cuales eran, porque no aguantamos lo suficiente como para saberlo.


A las 5:30 curvas y rectas me daban lo mismo, así que paramos en Beziers. En lo alto de la montaña se veía esto y por supuesto, teníamos que subir a ver qué era.



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Nos encontramos con una iglesia que se había levantado para conmemorar el triunfo de la iglesia católica sobre los cátaros.

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De camino a Avallon descubrimos escondido el castillo de la Bella Durmiente


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La última etapa fue insoportable; no nos sentíamos el culo de tantas horas sentados, teníamos necesidades fisiológicas muy urgentes, un hambre feroz y mucho, pero mucho sueño. (Mis prioridades estaban divididas entre volverme canibal o echar una siesta).

Por fin llegamos al camping de Avallon, plantamos la parada y directos a la ducha. Una vez adecentados todo se veía de otro color así que, ya que teníamos que buscar comida, no nos importó visitar el pueblo, que estaba de fiestas.

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De la iglesia, lo más interesante fue el pórtico de entrada.


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Prefirió hacerse una foto con una rana que conmigo!!! Y tengo el documento gráfico que lo acredita!

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De vuelta al camping, una pizza familiar que hizo que el mundo fuera un lugar maravilloso, un poco de farmacopea para aligerar todos los males y nos metimos en el saco (literalmente).

Él, que nunca había ido de camping, nunca se ha metido dentro de una tienda y menos dentro de un saco, lo pasó un poco mal al principio, pero después de unos cuantos bufidos todo quedó en silencio y pudimos dormir en paz.

De buena mañana, salimos hacia Vezelay, despidiéndonos de Avallon, que parecía un pueblo fantasma...

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