martes, 3 de noviembre de 2009

Halloween



El viernes me proporcionaron una personal y muy interesante visita guiada por la biblioteca de la Sagrada Familia. Al mismo tiempo descubrí que en Barcelona, durante estos días, se había organizado una ruta de altares donde conmemorar el día de los muertos y fuímos al del Centro Cívico del barrio, dedicado a México.

Un altar donde se mezclaban fotografías, comida, velas y diversos recuerdos en memoria de los difuntos.

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Se recitaron "calaveritas" (algo sobre los amorosos, refiriéndose a esqueletos pero que a nosotros nos recordaba a los osos y nos hacía percibir de otra forma el dramatismo de la poesía)

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Se cantó...

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...y nos ofrecieron castañas asadas y pan de muertos, una especie de coca redonda con un relieve en forma de huesos.

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Me gustaron especialmente las calaveras de azúcar, aunque nos explicaron que no son para comer, sino que se les pone en la frente el nombre de la persona a quien se la quieres regalar.

El sábado temprano me dirigí hacia Manresa para pasar un tradicional Halloween en compañía de María (la folclórica) y Aka (a partir de ahora la "in"). Según los planes previstos, teníamos que hacer panellets, disfrazarnos, ir a pedir truco o trato y emborracharnos (si es que eso era posible). Pero, no siempre se puede uno ceñir a los planes, y si Halloween significa que tus peores pesadillas se conviertan en realidad, las mías no se quedaron cortas... Dos horas de supermercado al mediodía y otra hora encerrada en una tienda de ropa por la tarde fueron más de lo que podía soportar en una sola jornada. Al final, ni disfraz, ni truco ni trato, ni boniatos. El alcohol sí estuvo presente, mientras intentábamos encontrar adjetivos con "in" que no fueran negativos.

La calabaza que le habían regalado a María nos acompañó durante las horas nocturnas en el balcón, dando pie a una de nuestras surrealistas conversaciones donde el cerebro de Aka va por su cuenta y riesgo y el resto tienemos que interpretar qué quiere decir realmente.


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Adornamos la casa a horas intempestivas y picoteamos cualquier cosa en la cocina. Intentaron asustarme varias veces sin lograr su objetivo, pero con el que le dimos a Aka quedó compensado.

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Dejamos la masa de los panellets reposando toda la noche y por la mañana nos dedicamos a confeccionar algo que se asemejara a los que venden en hornos y pastelerías. Forma libre para los últimos (así quedaron)

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Este es el resultado una vez sacados del horno.

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A mediodía, despedida y cierre.

Ayer, día de difuntos, la luna llena alumbraba el camino para que volvieran todos al lugar de donde venían.

Ellos tendrán reposo y nosotras también. Al menos, hasta el próximo año.

2 comentarios:

ra dijo...

Las flores no eran por una boda, sino por el día de difuntos. Mis vecinos nuevos son muy de flores pa muertos.

Besines

aka dijo...

Cabronas... aun estoy de los nervios por el susto!!!
Por suerte mi neceser no dio en tu cabeza, si no.... eso si que hubiera sido una noche de hallowen terrorrifica!!!!!