martes, 11 de octubre de 2011

Taste of Fear (Scream of Fear)



Hoy toca introspección. 

Acontecimientos recientes me han hecho pensar mucho, demasiado. Sobre lo que se siente cuando algo se termina de forma brusca, abrupta. 

Mi corazón quiere confesar. 

Lo peor de todo no es que algo termine. Tampoco que recibas el golpe cuando menos lo esperas. O que todas tus ilusiones caigan por el desagüe y vayan a juntarse con la inmundicia.

Cuando alguien te asesta un golpe mortal, una decepción tan inmensa, porque alguien ha jugado contigo, lo que se termina son las ganas de continuar existiendo. Tú puedes superar la pérdida de alguien. Todos podemos. Lo que no se supera es ese sentimiento de inseguridad. 

Miedo a volver a confiar en alguien.
Miedo a no hacer las cosas bien.
Miedo a hablar
Miedo a ser tú mismo. 
Miedo a volver a beber de esa fuente inagotable que se llama dolor.

Algo se muere, se marchita, cuando sientes miedo.

El miedo se instala permanentemente en tí. Se apodera de todo cuanto haces.  

Ismael Serrano lo define perfectamente en "El virus del miedo"


Venció el miedo y faltó a la última cita, 
no descolgó el teléfono 
que aullaba en la mesilla. 
Y el temor a la derrota 
lo agarrotó como un calambre, 
sin un por qué. 

Duro, intenso y precario... 
Se enfrentaba cada día 
al oleaje en el trabajo. 
Y una mañana la cobardía 
lo paralizó en la puerta 
y no entró a la oficina. 

Volvía a despertar 
y empezaba el periódico 
como tantos, por detrás. 
Vio y sintió la noche 
del planeta y su desastre, 
tuvo miedo y decidió 
no salir a la calle. 

Y ahí lo tienes encerrado en casa, 
temblando como un niño, 
sellando las ventanas, 
para no ver, ni escuchar, 
sentir, notar la vida estallando fuera. 
 

Por miedo a sentir miedo 
fue a la cama, 
como una oruga se escondió 
y envuelto entre las mantas 
se durmió, 
hizo humo el sueño 
y se olvidó del mundo 
por miedo a despertar.
 


Las dudas, la indecisión, el miedo a volver a sufrir, a volver a sentir algo, te paralizan y no eres capaz de tomar decisiones, de mostrar un mínimo signo de iniciativa. Quieres dejarte morir, y que los demás se olviden de tí para siempre.

Te sientes pequeño, inválido e inútil.

Todo esto es lo que siente un corazón cuando alguien lo rompe de forma irrevocable. 

Te sientes bien provocando ésto? Disfrútalo.

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